Museo de Cluny · París · Guía independiente
Audioguía del Museo de Cluny,
cinco paradas, gratis.
Cinco grabaciones, de unas termas romanas a seis tapices, que suenan todas en esta pestaña. Hay unas 2.300 piezas expuestas, y Chiaro te habla de cualquiera de ellas a partir de una foto.
Creado por Chiaro. Sin vinculación con el Museo de Cluny.
Pilar de los Nautas
Museo de Cluny, París
Hasta aquí la parte gratuita
Chiaro te cuenta cualquier obra que veas en el Museo de Cluny a partir de una foto.
Las cinco paradas · 14 minutos de audio
Cinco paradas, un recorrido,
en el orden en que las verás.
Dos plantas, mil quinientos años y cinco paradas componen esta audioguía del Museo de Cluny. Empiezas en la sala fría de las termas romanas, la sala 1, con el Pilar de los Nautas; pasas a la sala 5 para ver los reyes de Judá y el Adán de Notre-Dame, luego subes a la primera planta para el tesoro de Colmar, en la sala 12, y terminas ante La dama y el unicornio, en la sala 20, una de las últimas del recorrido que propone el propio museo. Escuchar las cinco lleva unos diez minutos. Entre una y otra se camina menos de diez, así que, con tiempo para detenerte a mirar, las cinco paradas llenan más o menos una hora.
Cada parada se ha contrastado con dos fuentes: la base de datos en línea de las colecciones del propio museo, que indica en qué sala está cada objeto, y una referencia externa, Wikidata o Wikipedia. Los números de sala se confirmaron el 25 de septiembre de 2026. Un tapiz o un anillo pueden salir en préstamo casi sin aviso, así que la última palabra la tiene la cartela de la sala; y si nos hemos quedado atrás, escríbenos.
PHGCOM, dominio público, vía Wikimedia Commons. Foto: PHGCOM
Parada 1 de 5 · Planta baja, sala 1 (el frigidarium)
Pilar de los Nautas
El gremio de los barqueros de Lutecia (nautae Parisiaci) · 14–37 d. C. · Piedra caliza, cuatro bloques tallados; el bloque de Júpiter mide 109 × 79 × 79 cm
Fíjate en
- Cernunnos en el bloque superior: una cabeza barbuda con cuernos de ciervo, un torques galo colgando de cada uno y las letras de su nombre talladas encima. En ningún otro lugar del mundo antiguo aparece ese nombre escrito sin lugar a dudas.
- Los propios nautas, desfilando con escudos y lanzas en el bloque de la dedicatoria. El derecho a llevar armas era un privilegio romano, y da la medida de cuánto pesaba el gremio.
- Los muros de la sala: franjas de pequeños sillares de caliza entre hiladas de ladrillo plano, la receta constructiva romana, bajo una bóveda de más de catorce metros de altura.
- Las dos ménsulas de piedra tallada que siguen en su sitio en el muro norte del frigidarium y que, según Wikipedia, tienen forma de proa de barco.
Transcripción (2:33)
Antes de mirar las piedras, levanta la vista. La bóveda que tienes encima mide más de catorce metros de altura, y los romanos la construyeron entre finales del siglo primero y comienzos del segundo. Esto era el frigidarium, la sala fría de las mayores termas públicas del París romano, que entonces se llamaba Lutecia. La gente venía a lavarse, a hacer ejercicio, a cortarse el pelo y a charlar, y la piscina fría sigue aquí, en la sala. Es la única parte de aquellas termas que conserva toda su altura, y el museo creció a su alrededor.
Ahora, los cuatro bloques tallados. Son más antiguos que la sala. Es el Pilar de los Nautas, hecho entre los años 14 y 37, bajo el emperador Tiberio, y es el monumento más antiguo de París. Los nautas eran un gremio de armadores y comerciantes que trabajaban en el Sena, los nautae Parisiaci, y su inscripción latina dice que lo levantaron públicamente en honor de Júpiter Óptimo Máximo y del emperador.
Suena a ofrenda de súbditos leales a Roma, y lo es. Pero fíjate en quién más se coló en la piedra. Junto a Júpiter, Vulcano y Marte aparecen dioses que los romanos no trajeron consigo. Esus, dando hachazos a un árbol. Un toro con tres grullas posadas encima, con el rótulo Tarvos Trigaranus. Y en el bloque superior, una cabeza barbuda con cuernos de ciervo, y de cada cuerno cuelga un torques, un collar rígido galo. Las letras que tiene encima forman el nombre Cernunnos. Este pilar es el único lugar donde el nombre de ese dios se ha conservado sin ninguna duda posible.
En otra cara desfilan los propios nautas, con escudos y lanzas. Llevar armas era un privilegio que concedían los romanos, y eso te dice lo poderoso que era este gremio. Es la primera asociación de París que conocemos por su nombre.
El pilar no siguió en pie. En el siglo tercero sus bloques se desmontaron y se usaron para reforzar murallas en la Île de la Cité, y allí se quedaron hasta que unos obreros que excavaban bajo Notre-Dame los encontraron a comienzos del siglo dieciocho. No volvió todo: de tres de los cuatro niveles solo se conserva la mitad superior. Entero, habría medido unos cinco metros veinte, y nadie sabe con seguridad en qué orden iban apilados los bloques. Hay sesenta y cuatro combinaciones posibles.
Las piedras se ven claras hoy porque en 2001 los restauradores les quitaron la mugre negra de tres siglos. Los muros que te rodean tuvieron su propia restauración en 2009, y reveló que el enlucido fue rosa en su día, con diminutas huellas de un azul intenso. Con esos colores y la piscina fría llena de agua, así era esta sala.
Tom Hilton, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Tom Hilton
Parada 2 de 5 · Planta baja, sala 5 (Esculturas de Notre-Dame de París)
Cabezas de los reyes de Judá
Escultores de Notre-Dame de París · Primera mitad del siglo XIII · Piedra con restos de policromía; la cabeza Cl. 22988 mide 71 cm de altura
Fíjate en
- Restos de color en los rostros. Las cabezas estaban pintadas, con delicadeza, y en varias todavía se distingue lo que queda de esa pintura.
- Las barbas, los rizos y las bandas de las coronas, tallados con un cuidado que nadie, abajo en la plaza de la catedral, pudo llegar a ver.
- Las narices y las barbillas rotas. Ese daño es obra de la Revolución, y la piedra todavía lo lleva encima.
Transcripción (2:10)
Cada uno de los rostros que tienes delante miró un día París desde la fachada de Notre-Dame. A lo largo de la fachada oeste de la catedral corría una hilera de veintiocho figuras coronadas, talladas en la primera mitad del siglo trece. Eran los reyes de Judá, los antepasados de la Virgen María en el Antiguo Testamento, colocados allí para decir de dónde venían ella y su hijo.
Durante la Revolución nadie los leyó así. La gente vio veintiocho hombres con corona en una iglesia, los tomó por reyes de Francia y los derribó. Las estatuas fueron decapitadas, las cabezas desaparecieron y durante casi dos siglos todo el mundo dio por hecho que habían acabado hechas cascotes.
Hasta que en 1977 unos obreros que trabajaban en el patio de un palacete del distrito noveno, el hôtel Moreau de la rue de la Chaussée-d'Antin, dieron con piedras talladas. De la tierra salieron unos cuatrocientos fragmentos de Notre-Dame, y entre ellos había veintiuno de los reyes. Al parecer los había enterrado allí Jean-Baptiste Lakanal, cuyo hermano Joseph había mandado construir la casa. El museo lo considera uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del París del siglo veinte. El banco propietario de la casa, la Banque française du commerce extérieur, donó las cabezas al museo en 1980, y un año después ya tenían sala propia.
Ahora mira de cerca. La talla es minuciosa en todas partes: en los rizos de las barbas, en los párpados, en las bandas de las coronas. Y sin embargo estos rostros estaban tan altos en la fachada que ninguno de esos detalles se veía desde la calle. Los escultores los tallaron igualmente. Y busca el color. Las cabezas estaban pintadas, y en varias quedan todavía los restos.
El daño es la otra mitad de la historia. Narices que faltan, barbillas cercenadas, mejillas gastadas: esto es lo que les hizo la Revolución, y ahora forma parte de lo que son.
Lo que tienes delante es el rostro de Notre-Dame en el siglo trece, a la altura de los ojos. Los parisinos medievales que cruzaban la plaza frente a la catedral nunca lo tuvieron tan cerca.
Marie-Lan Nguyen, CC BY 2.5, vía Wikimedia Commons. Foto: Marie-Lan Nguyen
Parada 3 de 5 · Planta baja, sala 5 (Esculturas de Notre-Dame de París)
Adán
Probablemente Pierre de Montreuil, o realizado bajo su dirección · Hacia 1260 · Caliza de París con restos de policromía, 200 cm de altura
Fíjate en
- La mano derecha levantada. Es una advertencia, dirigida a los clérigos que pasaban bajo él camino del palacio episcopal.
- La postura: el peso sobre una pierna, la cadera hacia fuera, la otra mano bajada delante de la hoja de higuera. Es la pose de la Venus púdica de la escultura griega antigua.
- El pelo, de rizos apretados y enroscados. Es la única parte de la figura que pertenece por completo al París del siglo XIII.
- La hoja de higuera, donde sobreviven los últimos restos de la pintura que un día cubrió toda la figura.
Transcripción (2:33)
En la misma sala que los reyes se alza una figura alta y blanca, y lo primero que llama la atención es que está desnudo. En la Edad Media el desnudo era raro, aunque no inaudito, y un hombre desnudo de dos metros, tallado en caliza de París, no es algo que los escultores góticos hicieran a menudo.
Es Adán, y como los reyes viene de Notre-Dame, aunque del interior del edificio. Estaba en la cara interior del crucero sur, junto a la portada, y tenía pareja: una Eva al otro lado de la puerta, hoy perdida. Encima de ambos, en lo alto del gablete, estaba sentado el Cristo del Juicio Final. La estatua se hizo hacia 1260, cuando el arquitecto Pierre de Montreuil dirigía la obra del crucero sur. El museo cree que Adán podría ser obra de su propia mano, y que al menos se hizo bajo su dirección. La pista está en las hojas de higuera, cuya talla nítida y viva coincide con el follaje de otra obra suya que guarda este museo, la portada de la capilla de la Virgen de Saint-Germain-des-Prés.
Mira su mano levantada. Es una advertencia. Los sacerdotes que cruzaban esa puerta de vuelta al palacio episcopal pasaban justo debajo de él, y Adán, el primer pecador, les señala su caída, y al Cristo que, más arriba, la redimió.
Ahora fíjate en cómo está de pie. El peso descansa en una pierna, la otra está relajada, la cadera se desplaza hacia fuera y la mano izquierda baja delante de la hoja de higuera. Esa pose es antigua. Es la de la Afrodita de Cnido de Praxíteles, la Venus púdica de la escultura griega, y explica por qué este Adán tiene en el cuerpo una curva que parece casi femenina. También la cara tiene algo clásico. Solo el pelo, esos rizos apretados y enroscados, es puro París del siglo trece. Si el escultor había visto una estatua antigua o solo la conocía por los dibujos de un cuaderno, nadie lo sabe.
No siempre fue blanco. Toda la figura estaba pintada, y queda un poco de esa pintura, sobre todo en la hoja de higuera. Tras la Revolución lo desmontaron y lo expusieron en el Musée des Monuments français. Cuando ese museo cerró, en 1816, fue a parar al depósito lapidario de Saint-Denis, junto con otras esculturas cuyos edificios ya no existían, y hasta 1887 no lo enviaron al Museo de Cluny. Desde entonces lo han restaurado a fondo dos veces, en 1888 y de nuevo a finales de la década de 1970. La mano de la advertencia lleva levantada más de setecientos cincuenta años.
Jastrow, dominio público, vía Wikimedia Commons. Foto: Jastrow
Parada 4 de 5 · Primera planta, sala 12 (El arte en el norte de Europa en el siglo XIV)
El tesoro de Colmar
Varios orfebres; el anillo nupcial, probablemente italiano · Siglo XIII – primera mitad del siglo XIV · Oro, plata, esmalte y piedras preciosas: más de 300 monedas y una cincuentena de joyas. El anillo nupcial mide 3,5 cm de altura
Fíjate en
- El anillo nupcial con un diminuto edificio de seis lados encima: arcos de filigrana de oro y un tejado piramidal esmaltado con las palabras hebreas mazel tov, buena suerte.
- La pequeña llave-joya, que nunca se terminó. Todavía conserva pegado el cono de metal de la fundición.
- Las placas del cinturón con las inscripciones AMOR, LIEB, HAIL y ANCH. La última podría ser Annchen, la pequeña Ana, la mujer para quien se hizo.
- El broche de cuatro lóbulos engastado con zafiros, rubíes, granates y perlas, un «ramillete de piedras» de los que tanto gustaban a los joyeros de los siglos XIII y XIV.
Transcripción (2:37)
Estas piezas son diminutas, un anillo de tres centímetros y medio de alto, una llave que no llega a cinco, y pasaron cinco siglos escondidas dentro de un muro.
En 1863, unos albañiles que trabajaban en una casa del antiguo barrio judío de Colmar, en Alsacia, abrieron un muro y encontraron un tesoro oculto: más de trescientas monedas y una cincuentena de joyas y piezas de orfebrería, del siglo trece y sobre todo de la primera mitad del catorce. Es probable que quienes lo encontraron vendieran algunas piezas antes de que nadie las registrara. La mayor parte de lo que se conserva lo compró este museo en 1923.
Por qué estaba en el muro es la parte oscura de la historia. Entre 1347 y 1352 la peste negra arrasó Europa, se culpó de ella a los judíos y fueron perseguidos en oleada tras oleada. Lo más probable es que el tesoro perteneciera a una familia judía de Colmar. Quizá tuvieron que dejar la casa a toda prisa. Nunca volvieron a por lo que habían escondido.
Busca el anillo con el pequeño edificio encima. Es un anillo de boda judío, uno de los más antiguos que se conocen, probablemente hecho en Italia hacia 1300. En la ceremonia el novio se lo daba a la novia, y ella lo llevaba ese único día. El diminuto edificio tiene seis lados, arcos de filigrana de oro y un tejado piramidal de esmalte, y representa dos cosas a la vez: el nuevo hogar de la pareja y el Templo de Jerusalén, que había sido destruido. En el tejado, unas letras hebreas forman mazel tov, buena suerte.
El tesoro guarda también una pequeña llave. En el sabbat, las mujeres judías que iban a la sinagoga no podían cargar con cosas pesadas, así que guardaban sus objetos de valor en cofres cerrados con llave, dejaban las llaves en una caja y llevaban como joya la llavecita de esa caja. Esta es probablemente la más antigua de su clase que se conserva, y nunca se terminó. Todavía tiene el cono de metal que quedó de la fundición, y nunca se limaron las rebabas.
Y luego está el cinturón, una serie de pequeñas placas esmaltadas que iban cosidas a una cinta de seda. Dicen AMOR y LIEB, que significan amor las dos; luego HAIL, que significa salud, y ANCH, que podría ser Annchen, la pequeña Ana. Probablemente era una prenda de amor, quizá un regalo de boda. Su nombre, si es el de ella, sobrevive en cuatro letras sobre un cinturón.
Parada 5 de 5 · Primera planta, sala 20 (La dama y el unicornio)
La dama y el unicornio
Diseño del pintor parisino Jean d'Ypres; tejedores desconocidos · Hacia 1500 · Seis tapices, lana y seda; À mon seul désir mide 377 × 473 cm
Fíjate en
- El espejo de La vista. El unicornio lo mira, pero el perfil que se refleja en él no es el del unicornio.
- Una cría de unicornio, con el cuerno aún sin crecer, entre los animales del fondo rojo de El gusto.
- Las letras A e I a cada lado de las palabras mon seul désir, en el pabellón. Podrían ser las iniciales de Antoine Le Viste y de su esposa Jacqueline.
- Hojas azules. Se tejieron verdes, y en el anverso el amarillo del tinte se ha desvanecido; en el reverso de los tapices los verdes siguen ahí.
Transcripción (3:42)
Seis tapices rodean esta sala, todos sobre el mismo fondo rojo. En cada uno, una joven está de pie sobre una isla azul cubierta de flores, con un león a un lado y un unicornio al otro, y conejos, zorros, corderos, pájaros y monos repartidos por el rojo que los rodea. Se diseñaron en París hacia 1500, y son lo más famoso que tiene este museo.
Cinco de ellos son los cinco sentidos. El museo los lee en el orden en que los clasificaban los autores medievales, del más físico al más espiritual. El tacto: con una mano sostiene un estandarte y con la otra apenas roza el cuerno del unicornio. El gusto: toma un dulce de una bandeja para dárselo al loro que lleva en la mano enguantada, mientras un mono come a sus pies. El olfato: trenza una corona de claveles, y detrás de ella un mono se acerca una rosa a la nariz. El oído: toca un pequeño órgano mientras su doncella acciona el fuelle. La vista: el unicornio ha apoyado las patas delanteras en el regazo de la dama y mira el espejo que ella sostiene. Fíjate bien en ese espejo. La cara que refleja no es la del unicornio.
Y luego el sexto, el que nadie ha conseguido descifrar del todo. La dama está de pie ante un pabellón azul. En lo alto van tejidas las palabras mon seul désir, mi único deseo, con una letra A a un lado y una letra I al otro. Su doncella le tiende un cofre abierto, y la dama tiene las manos sobre un collar. ¿Lo está sacando o lo está guardando? Una lectura lo convierte en un sexto sentido, el corazón, el más cercano al alma. Otra interpreta toda la serie como una historia de amor cortés, en un jardín lleno de plantas y animales que aluden a ella. Las letras podrían ser las iniciales de Antoine Le Viste y de su esposa Jacqueline.
Las armas de los Le Viste están en todos los estandartes: rojo, con una banda azul y tres crecientes de plata. La familia había ascendido deprisa en los tribunales de París, y quería que todo el mundo lo viera. El comitente fue o bien Jean IV Le Viste, que murió en 1500, o bien un pariente más joven, Antoine. Las figuras las dibujó el pintor Jean d'Ypres, que también iluminó libros para la reina Ana de Bretaña. Dónde se tejieron, nadie lo sabe. Bruselas, Tournai y el propio París son posibles.
Estuvieron a punto de perderse. La primera noticia de ellos es de 1814, en el castillo de Boussac, en la Creuse. En 1841, Prosper Mérimée, inspector de monumentos históricos, informó de su existencia y se inquietó por su suerte, y George Sand escribió sobre unos tapices curiosos, enigmáticos. En 1853 se describen tres piezas enrolladas en un rincón del ayuntamiento de Boussac, con las ratas y la humedad comiéndose los bordes. Hasta 1882 el municipio no vendió la serie al Estado, por 25.500 francos. Buena parte del borde inferior dañado se volvió a tejer en los diez años siguientes. Un restaurador se dio por vencido ante lo que llamó un rojo imposible.
Antes de irte, mira las hojas. Algunas son azules. Se tejieron verdes, y en el anverso de los tapices el amarillo de ese verde se ha desvanecido. En el reverso, que casi nadie ve nunca, los verdes siguen siendo verdes.
Guía independiente · Chiaro
Apunta con Chiaro a lo que quieras del Museo de Cluny.
Estas cinco son un punto de partida; el museo continúa sin ellas a lo largo de veintidós salas. Fotografía un esmalte de Limoges, un panel de vidriera de la Sainte-Chapelle o una sillería de coro tallada, y la app te dice de qué iglesia o abadía salió; luego puedes hacerle en voz alta la siguiente pregunta.
Antes de ir
Cómo llegar
28 rue Du Sommerard, 75005 París, en el Barrio Latino. Esa es la entrada de visitantes; el número 6 de la place Paul Painlevé, que también figura en el membrete del museo, es su dirección administrativa.
La estación de metro Cluny–La Sorbonne, en la línea 10, es la que lleva el nombre del museo. Saint-Michel, en la línea 4, y Odéon también quedan cerca, y los RER B y C paran en Saint-Michel–Notre-Dame. Los autobuses 21, 27, 38, 47, 63, 86 y 87 dan servicio a la zona.
Entradas
- El lunes es el día de cierre, además de tres festivos al año: Navidad, Año Nuevo y el 1 de mayo. Los demás días, las salas abren a las 9:30 y cierran a las 18:15, pero la taquilla cierra a las 17:30, así que no lo dejes para el último momento. El 24 y el 31 de diciembre todo cierra antes, a las 17:00.
- Algunos jueves por la tarde Cluny alarga el horario hasta las 21:00 y vende entradas hasta las 20:30. Las fechas de apertura nocturna están en musee-moyenage.fr.
- El primer domingo de cada mes no paga nadie. Los menores de 18 años no pagan nunca, y tampoco quien tenga entre 18 y 25 años y sea ciudadano de la UE o lleve más de tres meses viviendo en la UE, con justificante. Los demás compran entrada, y los precios vigentes están en musee-moyenage.fr.
- Viaja ligero: mochilas y maletas, incluidas las de cabina, no pasan de la puerta. Solo entran bolsos pequeños, de 40 × 30 × 40 cm como máximo, llevados en la mano o por delante.
- Las fotos para uso personal están permitidas, pero sin flash, trípodes ni palos selfi.
La audioguía oficial
El museo alquila en recepción su propia guía multimedia, con un recorrido por las obras maestras, visitas temáticas y recorridos en familia en francés, lengua de signos francesa, inglés y español. Cuesta 4 €, o 2 € con tarifa reducida, y mientras la tienes dejas un documento de identidad. ¿Prefieres no dejar tu documento en el mostrador? Para las cinco grabaciones de arriba basta con tu propio móvil y unos auriculares.
Sitio oficial →Preguntas
¿Hay una audioguía gratuita del Museo de Cluny?
Sí: las cinco grabaciones de esta página, de las termas romanas a los tapices del unicornio. Suenan en el navegador del móvil, con el texto impreso bajo cada pista, y no hace falta instalar nada. En el resto del edificio, apunta la cámara a cualquier objeto y Chiaro te dice qué es y qué historia tiene.
¿Cuánto cuesta la audioguía oficial del Museo de Cluny?
La guía multimedia del museo cuesta 4 €, o 2 € con tarifa reducida. Se alquila en recepción dejando un documento de identidad, y está en francés, lengua de signos francesa, inglés y español.
¿Dónde está La dama y el unicornio en el Museo de Cluny?
En la planta de arriba, en la sala 20, que lleva el nombre de los tapices. El recorrido del museo te lleva primero por las termas romanas y las salas de la planta baja, así que el unicornio llega casi al final de la visita.
¿El Museo de Cluny cierra los lunes?
Sí, el lunes es el día de cierre semanal, y el museo cierra además en Navidad, Año Nuevo y el 1 de mayo. El resto de la semana abre a las 9:30 y cierra a las 18:15, y las últimas entradas se venden a las 17:30.
¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Museo de Cluny?
Las cinco paradas llevan alrededor de una hora, de la que las grabaciones ocupan unos diez minutos. El museo entero son veintidós salas en dos plantas que abarcan mil quinientos años; te aconsejamos dos o tres horas para verlo todo.
¿Ha reabierto el Museo de Cluny tras su renovación?
Sí. Tras una larga renovación que reorganizó las colecciones en orden cronológico y añadió un edificio nuevo para los servicios al visitante, el museo reabrió el 12 de mayo de 2022.
Más audioguías
Creado por Chiaro. Sin vinculación con el Museo de Cluny.