Museo Carnavalet · París · Guía independiente
Audioguía del Museo Carnavalet,
cinco paradas, gratis.
El museo de la historia de París en cinco grabaciones que suenan desde esta misma página. Para el resto de las 3.800 piezas expuestas, de los rótulos pintados de las tiendas a la cama de latón de Proust, apúntalas con Chiaro.
Creado por Chiaro. Sin vinculación con el Museo Carnavalet.
La Bastilla en los primeros días de su demolición
Museo Carnavalet, París
Hasta aquí la parte gratuita
Chiaro te cuenta cualquier obra que veas en el Museo Carnavalet a partir de una foto.
Las cinco paradas · 12 minutos de audio
Cinco paradas, un recorrido,
en el orden en que las verás.
El Carnavalet cuenta la historia de París por orden cronológico, y esta audioguía del Museo Carnavalet sigue ese hilo a lo largo de dos de sus plantas. En el nivel 2 arranca en las salas de la Revolución, con la Bastilla de Hubert Robert viniéndose abajo, pasa a la Juliette Récamier de Gérard justo donde empiezan las salas de Napoleón y se detiene en el Liszt de Lehmann, entre los románticos. Después baja al nivel 1, al final del siglo XIX y al siglo XX: el salón de baile en plata y sepia que Sert pintó para los Wendel y, para terminar, la joyería Fouquet de Mucha. Las cinco grabaciones suman unos diez minutos; cuenta con cerca de una hora para el recorrido y para mirar con calma.
El Carnavalet no numera sus salas, así que cada obra se sitúa por el nivel y por el nombre de la sección que usa el propio museo, comprobados sobre su recorrido el 25 de septiembre de 2026. Los datos de cada obra proceden de las páginas del museo o de Paris Musées Collections, el catálogo de los museos municipales de París, y de una fuente independiente de ellos. Si una obra ha cambiado de sitio, guíate por la cartela del museo y escríbenos para que la página se ponga al día.
Parada 1 de 5 · Nivel 2, La Revolución francesa, sección La toma de la Bastilla
La Bastilla en los primeros días de su demolición
Hubert Robert · 1789 · Óleo sobre lienzo, 77 × 114 cm
Fíjate en
- La piedra de la esquina inferior derecha, grabada con la fecha del 20 de julio de 1789 y la firma H. Robert pinxit. Seis días después de la toma.
- La mole de las torres. Robert agrandó la fortaleza a propósito, para pintar la ruina ideal y no la real.
- La vitrina frente al cuadro, con llaves, esposas y trozos de muro de la Bastilla, y la estufa con forma de fortaleza en el centro de la sala.
Transcripción (2:35)
Aléjate un poco del lienzo y verás que la fortaleza lo ocupa entero, un muro de torres de piedra con figuritas diminutas hormigueando a sus pies y por lo alto. Nunca fue tan grande. Hubert Robert la agrandó adrede. En París lo llamaban Robert des ruines, Robert el de las ruinas, un apodo que se trajo de once años en Roma, en el círculo de Piranesi. En el verano de 1789 tenía delante, fabricándose ante sus ojos, la mayor ruina de su carrera.
Para los parisinos, la Bastilla significaba una sola cosa. Hasta 1785, una carta sellada del rey, una lettre de cachet, podía encerrar sin juicio a cualquiera que hubiera disgustado al poder real, y era aquí adonde iban a parar. El 14 de julio de 1789 la multitud la tomó. Al día siguiente se ordenó derribarla, y el contrato fue para un constructor llamado Pierre-François Palloy.
Busca ahora la gran piedra de la esquina inferior derecha. Robert grabó en ella su propio rótulo: demolición de la Bastilla, 20 de julio de 1789, lo pintó H. Robert. Seis días después de la toma. No te enseña el combate. Te enseña la mañana siguiente: obreros ya subidos a los muros, humo que cruza el cielo, las torres iluminadas como un monumento que sabe que le ha llegado la hora. El museo lo llama la ruina ideal, la historia convertida en meditación cuando las piedras todavía estaban calientes.
El cuadro fue directo al Salón de 1789, con el número 36 del catálogo. Una etiqueta en el reverso indica que perteneció a Lafayette y, más tarde, a Madame de Rémusat. La Sociedad de Amigos del Carnavalet lo regaló al museo en 1929.
Y ahora date la vuelta. La vitrina que mira al cuadro guarda lo que queda del edificio de verdad: sus llaves, unas esposas, fragmentos de piedra. Palloy no se limitó a derribar la Bastilla; convirtió sus piedras en recuerdos conmemorativos. En el centro de la sala hay una estufa con forma de fortaleza, obra de la manufactura Olivier, que luego se instaló para la Convención Nacional en las Tullerías. Pocos años después de la toma, la Bastilla se había convertido en mobiliario.
Robert no se quedó en simple espectador. Lo detuvieron en octubre de 1793 y pasó diez meses en las cárceles de Sainte-Pélagie y Saint-Lazare, donde pintó al menos cincuenta y tres lienzos. Salió libre una semana después de la caída de Robespierre, cuando la prisión de este cuadro llevaba ya años desaparecida.
Parada 2 de 5 · Nivel 2, sección Napoleón I (1804–1815), que abre estas salas
Retrato de Juliette Récamier
François Gérard · 1802–1805 · Óleo sobre lienzo, 225 × 148 cm
Fíjate en
- Los pies descalzos sobre un pequeño escabel y el fino vestido blanco a la griega con el que toda dama de sociedad quería retratarse.
- El chal, el único color intenso del cuadro, que se derrama desde el asiento.
- Las columnas, la cortina colgada y la silla a la antigua: un baño clásico, lo que quedó de la primera idea de Gérard de pintarla saliendo del agua.
- El equipo de campaña de Napoleón, en la gran vitrina central de la misma sección.
Transcripción (2:38)
Esta parte del museo se abre con ella, y cuesta imaginar a alguien mejor para recibirte en la puerta. Juliette Récamier, nacida Bernard en 1777, estaba casada con un banquero rico, Jacques-Rose Récamier. Desde su palacete de la rue du Mont-Blanc, en el nuevo barrio de la Chaussée-d'Antin, dirigía un salón donde se reunían los artistas y los intelectuales de la capital. El museo la llama el epicentro de la vida mundana en las primeras décadas del siglo XIX.
Cuidaba su imagen con muchísimo esmero. Posó para David, para Gérard, para Chignard, para el escultor Canova. La historia de este lienzo empieza con David. En mayo de 1800 comenzó un retrato de ella recostada en un sofá, y cuando se enteró de que también había acudido a su antiguo alumno, François Gérard, es posible que sencillamente lo dejara. La versión inacabada de David entró en el Louvre en 1826. Este es el retrato que ella quería.
La primera idea de Gérard era más atrevida. Pensaba pintarla de pie y desnuda, saliendo del baño, y este museo conserva todavía dos dibujos preparatorios de esa versión. Al final la sentó. Fíjate en lo que queda del baño: las columnas, la cortina que cuelga detrás, la silla antigua que el catálogo llama etrusca. Mira sus pies, descalzos, apoyados en un pequeño escabel. Y mira el vestido, blanco y fino, cortado a la griega, el estilo en el que todas las mujeres elegantes de París se disputaban ser pintadas. Luego el chal, el único color fuerte, cayendo en cascada desde el asiento.
Ella quedó encantada. Mandó reproducir el retrato en grabado, y sus cartas a Gérard la muestran pendiente hasta del último detalle del dibujo preparatorio. Su salón estaba lleno de gente que detestaba a Napoleón, y él acabó desterrándola de París. En 1822 regaló el cuadro al príncipe Augusto de Prusia, un hombre que en su día le había pedido matrimonio y había recibido un no.
Su vida posterior es un pequeño paseo por la ciudad. Comprado en una subasta pública en 1860, en 1880 ya era del Carnavalet; desde 1882 colgó en el despacho del prefecto en el Hôtel de Ville, en 1896 pasó a un depósito en Auteuil, en 1911 se trasladó al Petit Palais y en 1934 volvió aquí.
Un tipo de diván en el que le gustaba recostarse todavía se llama récamier. Y en la gran vitrina del centro de esta sección está el equipo de campaña del propio Napoleón, a unos pasos de la mujer a la que mandó lejos.
Parada 3 de 5 · Nivel 2, París, capital del Romanticismo
Retrato de Franz Liszt
Henri Lehmann · 1839 · Óleo sobre lienzo, 113 × 86 cm
Fíjate en
- El latín abajo a la izquierda: AMICVS AMICO, de un amigo a un amigo, con el monograma HL entrelazado de Lehmann, Roma y 1839 en números romanos.
- Lo que falta. Ni piano, ni partitura, ni público: brazos cruzados, levita negra, un anillo, una pared gris.
- El retrato de Marie d'Agoult, cerca, en la misma sección. Lehmann pintó también a la compañera de Liszt.
Transcripción (2:28)
Ni un piano. Es lo primero que llama la atención en este retrato del hombre al que el museo llama el león del piano. Ni teclado, ni partitura, ni sala de conciertos. Solo un joven con levita negra, de brazos cruzados y con un anillo en el dedo, de pie ante una pared gris desnuda y devolviéndote la mirada sin pestañear.
Franz Liszt nació en 1811, así que aquí tiene veintisiete o veintiocho años. El pintor, Henri Lehmann, era aún más joven. Nacido en Kiel, había llegado a París a los diecisiete para estudiar con Ingres y se convirtió en uno de sus alumnos más brillantes. En 1838 Lehmann se fue a Roma, donde Ingres dirigía entonces la Academia de Francia, y allí entró en el círculo de Liszt y de su compañera, la escritora Marie d'Agoult. Los pintó a los dos.
Liszt posó para este en la Villa Massimiliana de Lucca, y Lehmann lo terminó en Roma. Mira la esquina inferior izquierda y verás cómo lo firmó. AMICVS AMICO, en latín, de un amigo a un amigo. Después sus iniciales, la H y la L entrelazadas. Luego Roma, y el año en números romanos, 1839. Suena a dedicatoria, y el retrato lo parece: sin halagos, sin accesorios, solo la melena larga, el rostro pálido, la mirada fija.
En la línea limpia y pura se nota la lección de Ingres. El ambiente, en cambio, es romántico de pies a cabeza, y por eso el cuadro cuelga en esta parte del recorrido. Tras la revolución de 1830, París se convirtió en un crisol de escritores, músicos y artistas, y esta sección reúne sus caras: Victor Hugo, el novelista Eugène Sue, Liszt y Marie d'Agoult, pintada también por Lehmann. Encuentra su retrato y tendrás de nuevo a la pareja en la misma sala. En las vitrinas están el escritorio de Eugène Sue y unas estatuillas del escultor Dantan.
El cuadro se expuso en el Salón de 1840, en el Louvre. Fue justo antes de que estallara la lisztomanía y sus conciertos empezaran a arrastrar multitudes enfervorizadas por toda Europa. Llegó al Carnavalet en 1942, donado por una tal Madame Ollivier.
Échales un último vistazo a las manos. Pocos años después habría gente peleándose por verlas tocar, y aquí el pintor las ha escondido, cruzadas sobre la levita negra, completamente quietas.
Sailko, CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Sailko
Parada 4 de 5 · Nivel 1, fuera del recorrido cronológico
El salón de baile Wendel
José María Sert · 1925 · Veladuras sobre pan de metal en paneles de contrachapado, una sala pintada completa
Fíjate en
- La reina de Saba a lomos de un elefante blanco, muy por encima de su corte, en camino hacia el rey Salomón.
- El brillo. Las veladuras sepia sobre pan de metal dan a las paredes un aire lacado que cambia mientras caminas.
- Cómo la pintura se niega a detenerse en los bordes y sigue por todas las superficies, también el techo.
Transcripción (2:24)
Entras y las paredes parecen hechas de humo y de metal. Sobre todo sepia y plata, un resplandor que cambia mientras te mueves, y de pronto, surgiendo de la bruma, un elefante. Es un salón de baile arrancado entero de una casa particular de París, el palacete Sourdeval-Demachy, y montado de nuevo dentro del museo.
En 1925 Maurice de Wendel, el gran magnate del acero de Lorena, y su esposa Andrée lo encargaron para el salón de baile de su palacete parisino. Acudieron al pintor que la alta sociedad quería justamente para esto. José María Sert era un catalán instalado en París desde 1899, y en los años veinte se le tenía por el mayor muralista del siglo. A lo largo de su carrera cubrió de pintura más de siete mil metros cuadrados, en iglesias, catedrales, palacios, hoteles y edificios públicos. Más tarde pintó la Sala del Consejo de la Sociedad de Naciones en Ginebra y un mural en el Rockefeller Center de Nueva York, encargado para sustituir el de Diego Rivera que Nelson Rockefeller había mandado destruir.
El tema es la reina de Saba. Búscala: va a lomos de un elefante blanco, muy por encima de toda su corte, dejando su reino para ir al encuentro del rey Salomón. Sert no la encierra en un marco. La comitiva se extiende por todas las superficies a su alcance, paredes y techo por igual, de modo que la propia sala se convierte en el cuadro.
Ahora mira de cerca la superficie, porque ahí está el verdadero truco. Cuando la sala se restauró en 2020 y 2021, los restauradores descubrieron cómo lo hizo. Sert extendió una fina lámina de electro, una aleación de oro y plata. Encima pintó hasta tres capas sucesivas de veladura, frotando cada una con un paño y sacando los brillos con polvo de metal. El metal reluce a través de la pintura. Por eso toda la sala parece lacada, y por eso da la impresión de estar iluminada desde dentro.
El palacete se vendió en 1981. La decoración pasó al Carnavalet, y en 1989 se volvió a montar aquí, en una sala diseñada especialmente para ella. Queda fuera del recorrido cronológico del museo, así que es fácil pasarla por alto, y por eso mismo encontrarla es aún más gratificante. Desde el centro de la sala verás cómo el elefante pasea a la reina por toda la estancia, de pared a pared.
Sailko, CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Sailko
Parada 5 de 5 · Nivel 1, el París de la Belle Époque, las salas del art nouveau
La joyería Fouquet
Alphonse Mucha, con Auguste Seysses y Léon Fargue · 1901 · Madera tallada, metal forjado, vidriera y mosaico: el interior completo de una tienda
Fíjate en
- Los dos pavos reales: uno posado en el friso con la cola colgando y el otro desplegándola delante del disco luminoso de vidriera, detrás del mostrador.
- El suelo de mosaico, rehecho con exactitud a partir de los dibujos del propio Mucha.
- La línea en latigazo: curvas asimétricas que recorren la madera y el metal, el gesto que define el art nouveau.
- Al lado, el comedor privado del Café de Paris, de Henri Sauvage y Louis Majorelle.
Transcripción (2:22)
Ponte delante del mostrador y mira hacia arriba. Un pavo real se ha posado en el friso, encima de ti, y deja caer su larga cola por la madera, y justo enfrente un segundo pavo real despliega las plumas contra un disco de vidriera encendida. Esto no es una sala que recrea una tienda. Es la tienda, el interior entero de una joyería de París, trasladado aquí pieza a pieza.
Georges Fouquet se hizo cargo del negocio de joyería de su padre en 1895. Ya trabajaba con Alphonse Mucha, el artista checo cuyos carteles de Sarah Bernhardt habían empapelado París en 1895 y le habían dado la fama de golpe. En 1899 los dos hicieron para la propia Bernhardt un brazalete de serpiente en oro y esmalte. Después de la gran Exposición de 1900, Fouquet abrió una tienda nueva en el número 6 de la rue Royale y le pidió a Mucha que diseñara el interior. Abrió en 1901.
Mucha rara vez trabajaba en tres dimensiones, y no lo hizo solo. Léon Fargue hizo la vidriera y el escultor Auguste Seysses, las figuras. Fíjate en lo poco que hay recto aquí dentro. La madera se enrosca, el metal trepa como una planta, flores, corales y animales se extienden por cada panel. El museo lo llama la plena floración del art nouveau, con su gusto por la asimetría y por la curva a la que llamaban línea en latigazo.
Ahora mira al suelo. El mosaico que pisas se rehízo con exactitud a partir de los dibujos originales de Mucha.
La tienda no duró. En 1923 el art nouveau ya había pasado de moda, y Fouquet sustituyó la decoración por algo más actual. Pero no la tiró. Por respeto a la obra de su amigo, la hizo desmontar pieza a pieza y guardar, y más tarde se la regaló al Carnavalet. Pasó décadas desmontada. En 1989, cuando el museo se amplió al vecino Hôtel Le Peletier de Saint-Fargeau, la tienda por fin se volvió a montar, al mismo tiempo que el salón de baile Wendel y el comedor del Café de Paris, que encontrarás al lado, diseñado por Henri Sauvage y amueblado por Louis Majorelle.
Así que aquí termina el paseo: en una joyería que se quedó anticuada veintidós años después de abrir, y que sobrevivió solo porque su dueño no fue capaz de deshacerse de ella. A los pavos reales los salvó un tendero.
Guía independiente · Chiaro
Apunta con Chiaro a cualquier cosa del Museo Carnavalet.
Nosotros nos quedamos en cinco, y el Carnavalet pone ante ti unas 3.800 piezas. Fotografía uno de los viejos rótulos de tiendas de la planta baja, el zapato de María Antonieta, los tiradores de la puerta del baño de Marat o la placa de corcho de la pared del dormitorio de Proust: Chiaro te cuenta de quién era antes de que pasara a manos de la ciudad y se queda para todas las preguntas que quieras hacerle después.
Antes de ir
Cómo llegar
23 rue Madame de Sévigné, 75003 París, en el Marais. Es la entrada de visitantes; el plano del museo señala también una entrada por el jardín en la rue des Francs-Bourgeois.
La parada habitual es Saint-Paul, en la línea 1 del metro. Chemin Vert (línea 8), Bréguet-Sabin (línea 5) y Pont-Marie (línea 7) son las alternativas. Los autobuses 29 y 96 paran en Place des Vosges, el 69 y el 76 en Saint-Paul y el 91 en Saint-Gilles – Chemin Vert; las estaciones de Vélib' más cercanas son la 3002 Saint-Gilles – Turenne y la 4010 Saint-Antoine – Sévigné.
Entradas
- La colección permanente no cuesta nada ni necesita reserva. Solo la exposición temporal lleva entrada, y reservar una franja horaria en línea es la única forma de asegurarte de entrar.
- Ten en cuenta que el lunes es el día de cierre; de martes a domingo el museo abre de 10 a 18 h, y no se deja pasar a nadie después de las 17:15 h. También cierra el 1 de enero, el 1 de mayo y el día de Navidad.
- Deja la maleta en el hotel. En la puerta se revisan las bolsas y solo entran las del tamaño de un bolso; las taquillas de autoservicio detrás del mostrador de acogida admiten hasta 40 × 36 × 36 cm.
- Se pueden hacer fotos para uso personal, sin flash y sin trípode.
La audioguía oficial
La guía oficial del Carnavalet es una app gratuita, Musée Carnavalet – Histoire de Paris, para Android y iPhone. Ofrece un itinerario de 30 obras imprescindibles y cinco itinerarios cronológicos, cada uno con textos para leer o escuchar, en seis idiomas, entre ellos el inglés; solo son de pago sus recorridos por las exposiciones temporales, a 2,99 € cada uno. Esta página cubre menos, pero con más detalle: cinco obras, unos dos minutos cada una, y la app de Chiaro para cualquiera de las otras 3.800 piezas a partir de una foto.
Sitio oficial →Preguntas
¿Hay una audioguía gratuita del Museo Carnavalet?
Sí, y también lo es la del propio museo: la app del Carnavalet no cuesta nada en los recorridos de la colección permanente. Esta página añade cinco paradas narradas en el navegador, con el texto impreso bajo cada reproductor y nada que instalar. Para todo lo demás, hazle una foto y deja que la app de Chiaro te lo cuente.
¿Cuánto cuesta la audioguía oficial del Museo Carnavalet?
Nada, para la colección permanente. Viene en forma de app gratuita del museo, con un recorrido de 30 obras destacadas y cinco cronológicos en seis idiomas. Los recorridos de las exposiciones temporales dentro de la app cuestan 2,99 € cada uno.
¿Dónde está la joyería Fouquet en el Museo Carnavalet?
En el nivel 1, en la parte del recorrido dedicada a la Belle Époque, donde dos salas muestran las decoraciones art nouveau del Café de Paris y de la tienda Fouquet. Es la pieza destacada número 12 del plano-guía del museo. El salón de baile Wendel está en la misma planta, justo fuera del recorrido cronológico.
¿Cierra el Museo Carnavalet los lunes?
Sí, el Carnavalet cierra todos los lunes. De martes a domingo recibe visitantes de 10 a 18 h. También cierra el 1 de enero, el 1 de mayo y el día de Navidad, y el 24 y el 31 de diciembre las salas se vacían antes, a las 17 h.
¿Cuesta algo entrar al Museo Carnavalet?
La colección permanente es gratuita para todo el mundo y no requiere reserva, y ahí están las cinco paradas de esta página. La exposición temporal tiene su propia entrada de pago, y el museo recomienda encarecidamente reservar una franja horaria en línea.
¿Cuánto tiempo hace falta para el Museo Carnavalet?
Dedica unos sesenta minutos a las cinco paradas de esta página, diez de ellos escuchando. El recorrido cronológico completo va de la prehistoria, en el sótano, hasta nuestros días y pasa por unas 3.800 piezas, así que una visita completa se acerca más a media jornada.
Más audioguías
Creado por Chiaro. Sin vinculación con el Museo Carnavalet.