Mezquita-Catedral de Córdoba · Córdoba · Guía independiente
Audioguía de la Mezquita-Catedral de Córdoba,
cinco paradas, gratis.
Unas 850 columnas dentro de un recinto de 180 por 130 metros, con una catedral renacentista plantada en medio: aquí se narran cinco de sus rincones, y una foto de cualquier otro capitel, capilla o inscripción te trae lo que Chiaro sabe de él.
Creado por Chiaro. Sin vinculación con la Mezquita-Catedral de Córdoba.
La Puerta de San Esteban, en la calle Torrijos
Mezquita-Catedral de Córdoba, Córdoba
Hasta aquí la parte gratuita
Chiaro te cuenta cualquier detalle que veas en la Mezquita-Catedral de Córdoba a partir de una foto.
Las cinco paradas · 14 minutos de audio
Cinco paradas, un recorrido,
en el orden en que las verás.
Cinco lugares de la antigua Gran Mezquita de Córdoba forman esta audioguía de la Mezquita-Catedral que puedes seguir por tu cuenta y sin pagar nada, y la primera parada suena en la acera, antes de comprar entrada alguna. Es la Puerta de San Esteban, en la calle Torrijos, la que corre junto al muro oeste, a pocos pasos del centro de recepción del Patio de San Eulogio, en esa misma calle. La segunda ya está dentro del recinto, en el Patio de los Naranjos, el patio del lado norte: mirando al sur, con el campanario a tu espalda. Después el recorrido entra en la sala de oración y sigue siempre hacia el sur: los arcos dobles de las naves del norte, el crucero de la catedral en el centro mismo del edificio y el mihrab de al-Hakam II en el muro del fondo, al sur. Las cinco grabaciones suman unos diez minutos, y caminar de una a otra lleva menos, porque el edificio entero mide 180 por 130 metros.
Cada precio, norma y dirección de esta página se tomó de la web del Cabildo Catedral de Córdoba, que gestiona el monumento, mezquita-catedraldecordoba.es, y se cotejó con su redacción en español y en inglés el 1 de octubre de 2026. Fechas, nombres y medidas salen de las páginas de historia del Cabildo y de Wikipedia; cuando esas fuentes miden algo de dos maneras, damos las dos cifras. Las misas, las fiestas y las obras de restauración cambian aquí la jornada de visita, a veces sin previo aviso, y ese día la palabra de un vigilante o un aviso colgado dentro del edificio cuenta más que esta página.
José Luis Filpo, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons. Foto: José Luis Filpo
Parada 1 de 5 · Calle Torrijos, la vía pública que corre junto al muro oeste; la tercera puerta contando desde el extremo norte, después del Postigo de la Leche y la Puerta de los Deanes
La Puerta de San Esteban, en la calle Torrijos
Alarifes omeyas de Abderramán I; decoración terminada bajo el emir Muhammad I · Puerta de 785–786; decoración terminada en 855 · Sillería de piedra caliza, con dovelas alternas de piedra y ladrillo en el arco; abierta en el muro oeste de la mezquita primitiva, más o menos cuadrada, de 74 o 79 m de lado
Fíjate en
- El arco de herradura y sus dovelas, rojas y crema alternas, con cada dovela crema labrada. Es la portada más antigua que se conserva con el esquema que luego siguen las puertas andalusíes.
- El marco rectangular que rodea el arco, el alfiz. Búscalo otra vez en el mihrab, la última parada: los artesanos de al-Hakam lo enmarcaron igual un siglo después.
- Las almenas escalonadas en lo alto del muro, como una hilera de pequeñas pirámides.
- Los enormes contrafuertes a ambos lados del tramo de la puerta, que sostienen unos muros levantados sobre un terreno en pendiente.
Transcripción (2:31)
Ponte de espaldas a la calle y mira el muro, porque esta es una de las caras más antiguas del edificio. La alta puerta claveteada está dentro de un arco de herradura, y el arco, dentro de un marco rectangular. Piedras rojas y color crema se turnan a lo largo de la curva. Esa pequeña combinación, puerta, herradura y marco, se convirtió en el modelo de las portadas andalusíes que vinieron después, y esta es la más antigua de las que siguen en pie con las tres cosas a la vez.
Su primer nombre fue Bab al-Wuzara, la Puerta de los Visires. Al otro lado de esta calle se alzaba el palacio del emir, y lo más probable es que por esta puerta pasaran el soberano y sus funcionarios para ir de sus despachos a la mezquita. Gobernantes posteriores hicieron ese trayecto en privado: sobre la calle, más al sur, se tendió un puente cubierto, un sabat, para que el soberano pasara del palacio a la sala de oración sin ser visto.
El hombre que empezó todo esto era un refugiado. Abderramán Primero fue uno de los últimos supervivientes de la familia omeya, que había gobernado el mundo islámico desde Damasco hasta que la derrocaron y la mataron casi entera en 750. Él huyó al norte de África, se hizo con Córdoba y en 785 empezó su mezquita. Se levantó en cerca de un año, muy deprisa, porque los constructores aprovecharon columnas y capiteles de ruinas romanas y visigodas. Nadie sabe cómo se llamaba el arquitecto.
Aquella primera mezquita era más o menos cuadrada, de 74 o 79 metros de lado, según de quién te fíes al medir. La mitad era patio abierto y la otra mitad sala de oración, y esta puerta se abría en mitad del muro oeste de la sala. La decoración que ves se terminó en 855, con el emir Muhammad Primero, y su inscripción en escritura cúfica, de trazo anguloso, grabada en el dintel y bajo el arco, es la escritura islámica más antigua que queda en todo el edificio.
Una pequeña corrección al nombre. Todo el mundo la llama Puerta de San Esteban. El historiador Manuel Nieto Cumplido sostuvo que es un error que simplemente se quedó, y que su nombre cristiano correcto es San Sebastián, por un hospital de San Sebastián que hubo enfrente.
Antes de seguir, mira hacia arriba. Esos contrafuertes macizos y las almenas escalonadas hacen que, por fuera, la mezquita parezca una fortaleza, y la sorpresa se guarda para el interior.
August Dominus, CC0, vía Wikimedia Commons. Foto: August Dominus
Parada 2 de 5 · Patio de los Naranjos, el patio del lado norte del edificio; colócate en su lado sur, frente a la sala de oración, con el campanario a tu espalda
El Patio de los Naranjos, mirando al sur hacia la sala de oración
Patio de la mezquita de Abderramán I, ampliado por Abderramán III y Almanzor; galerías rehechas por Hernán Ruiz I; plantación del obispo Francisco Reinoso · 785–988; galerías 1510–1516; plantación 1597–1601 · Patio cerrado de 130 m de largo por 50 m de ancho, con galerías porticadas en tres lados; campanario de 54 m
Fíjate en
- Por encima de los naranjos, hacia el sur, el crucero de la catedral y su linterna asomando entre los tejados bajos de la mezquita. Es la iglesia construida dentro de la mezquita, y la verás de cerca dos paradas más allá.
- Las hileras de naranjos: el obispo Reinoso las alineó con las naves de la sala de oración, de modo que las columnas parecen continuar al aire libre.
- A tu espalda, el campanario, y en lo alto la estatua de San Rafael, colocada allí en 1664.
- En el muro sur, la Puerta de las Palmas, el único arco que sigue abierto a la sala, con la Anunciación labrada encima.
Transcripción (2:42)
Ponte de cara al muro largo y bajo del sur, con los árboles entre él y tú. Este patio era el patio de abluciones de la mezquita, donde los fieles se lavaban antes de rezar, y el muro que tienes delante no era un muro. Era una fila de arcos abiertos, así que la sala de oración quedaba abierta a este patio y a su luz. Tras la conquista cristiana de 1236 se construyeron capillas a lo largo de ese lado y los arcos se fueron cerrando uno a uno. Hoy solo uno de ellos, la Puerta de las Palmas, sigue dando paso desde aquí.
Los árboles tienen más historia de lo que parece. A un jurista del siglo once, Ibn Sahl, le preguntaron si estaba prohibido tener un huerto en el patio de una mezquita, y si alguien podía comer de su fruta. La pregunta solo tiene sentido porque aquí ya crecían árboles en el siglo nueve, lo que convierte este patio en el primero de una mezquita, en cualquier parte, del que se sabe que estuvo plantado. Sellos de la ciudad de 1262 y 1445 muestran palmeras asomando por encima de los muros.
El trazado que ves es obra de un obispo. Francisco Reinoso, a finales del siglo dieciséis, convirtió el patio en este jardín, con naranjos, palmeras y cipreses en hileras. Ponte en línea con una hilera y mira a lo largo: los árboles están pensados para prolongar las columnas de la sala de oración, como si el bosque de dentro hubiera salido a tomar el sol. Los registros del siglo diecisiete cuentan ochenta naranjos, doce cipreses, tres palmeras y un olivo.
Ahora mira hacia arriba, por encima de los tejados. Ese bloque claro con una linterna encima es la catedral, toda una iglesia renacentista metida en medio de la mezquita. Estarás debajo de ella en la parada cuatro.
Luego date la vuelta. El campanario que tienes detrás, de 54 metros y todavía el edificio más alto de Córdoba, es un envoltorio. Dentro está el alminar que Abderramán Tercero terminó en 958, de 47 metros, que según el Cabildo influyó en las torres de Sevilla, Marrakech y Rabat. Tras los daños de 1589, el alminar quedó encerrado en un nuevo campanario diseñado por Hernán Ruiz Tercero, y en 1664 se colocó en su remate la figura de San Rafael.
Una cosa más, bajo tus pies. Debajo del extremo este de este patio hay un aljibe de la última ampliación musulmana, a diez metros de profundidad, con cabida para más de mil doscientos metros cúbicos de agua de lluvia.
Jebulon, dominio público, vía Wikimedia Commons. Foto: Jebulon
Parada 3 de 5 · Sala de oración, nada más entrar desde el Patio de los Naranjos, en las naves del norte
Los arcos dobles de la sala de oración
Alarifes omeyas bajo Abderramán I, con ampliaciones de Abderramán II, al-Hakam II y Almanzor · 785–988 · Columnas de mármol, jaspe, granito y pórfido, reutilizadas y nuevas, con arcos de piedra y ladrillo; unas 850 columnas en un edificio de 180 m por 130 m
Fíjate en
- Los dos pisos: un arco de herradura que arranca de la columna y, encima, un arco de medio punto que arranca de un pilar de fábrica apoyado sobre ella. Ese segundo piso es la clave de todo.
- Las franjas rojas y crema de los arcos. Aquí son ladrillo y piedra de verdad; en la mitad oriental de la sala, la parte de Almanzor, son piedra caliza pintada.
- Los capiteles. Por aquí muchos son piezas romanas o visigodas traídas de ruinas, y por eso no hay dos exactamente iguales.
- Cualquier fila de columnas que elijas, alejándose de ti en dos direcciones a la vez.
Transcripción (2:36)
Párate nada más entrar y deja que los ojos se acostumbren, porque la sala está en penumbra después del patio y el efecto necesita un momento. Las columnas se alejan de ti en todas direcciones, y sobre cada una hay un arco, y sobre ese arco, otro. La han llamado bosque de columnas y sala de espejos, y las dos cosas son ciertas: gira unos grados y se abre una avenida nueva.
Mira de cerca una columna y síguela hacia arriba. Sobre su capitel descansa un arco de herradura. Pero la columna sostiene además un pilar de fábrica, y de ese pilar nace, más arriba todavía, un segundo arco, de medio punto. Dos pisos de arcos, con el techo apoyado en el de arriba. La razón más probable es práctica. Los constructores reutilizaban columnas romanas y visigodas que no eran lo bastante altas para subir el techo a la altura que pedía la sala, así que superpusieron un segundo piso, igual que ya hacían con sus arcos los acueductos romanos de Hispania. Hay una teoría más bonita, que los arcos evocan los palmerales de Siria de los que había huido Abderramán Primero, y nunca se presenta más que como una sugerencia.
Las franjas rojas y crema son ladrillo y piedra. Fíjate en ellas mientras caminas, porque te dicen en qué siglo estás. La primera mezquita tenía once naves y unas 120 columnas, todas de segunda mano. Abderramán Segundo alargó la sala ocho tramos hacia el sur en las décadas de 830 y 840; sus talleres empezaron a labrar capiteles nuevos en lugar de limitarse a reutilizar los viejos, y dejaron de poner basas a las columnas. Más tarde, en 987, el visir Almanzor añadió ocho naves enteras por el lado este, 47,76 metros de sala nueva, y la convirtió en la mayor mezquita del mundo musulmán fuera del Irak abasí. Su parte es más sobria: allí todas las dovelas son de piedra caliza, y el rojo está pintado. Sus canteros dejaron además sus marcas rayadas en fustes y capiteles, las firmas de los propios constructores.
Sumándolo todo, hoy hay unas 850 columnas, de jaspe, ónice, mármol, granito y pórfido, dentro de unos muros que encierran 180 por 130 metros.
También el suelo ha cambiado. Al principio era una gruesa capa de mortero sobre tierra apisonada, y todos los que estaban en él miraban hacia el sur, hacia donde estás a punto de caminar.
Paul Asman and Jill Lenoble, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Paul Asman and Jill Lenoble
Parada 4 de 5 · El crucero, en el centro del edificio, bajo la cúpula, mirando al altar mayor con el coro a tu espalda
El crucero de la catedral y el altar mayor
Hernán Ruiz I (h. 1475–1547), Hernán Ruiz II (nacido h. 1508–1514, fallecido en 1569) y Juan de Ochoa, por encargo del obispo Alonso Manrique y sus sucesores; retablo mayor de Alonso Matías con pinturas de Antonio Palomino · 1523–1607; retablo desde 1618; pinturas de 1713 · Bóvedas de piedra y cúpula de ladrillo con yesería; la catedral ocupa un rectángulo de 75 m de largo por 37,5 m de ancho
Fíjate en
- La cúpula oval justo encima de ti: la Santísima Trinidad en el centro, los ocho Padres de la Iglesia en el borde y los cuatro evangelistas en las pechinas de abajo.
- La bóveda gótica de crucería sobre el altar, llena de ángeles músicos, santos y apóstoles. El Cabildo dice que allí arriba, entre ellos, está tallado el emperador Carlos V.
- El retablo de mármol rosado de Cabra y, en su centro, la Asunción de Palomino; la Virgen de la Asunción es la titular de la catedral.
- La gran lámpara de plata colgada de su larga cadena, regalo del obispo Cristóbal de Lovera en 1629.
Transcripción (2:33)
Mira hacia arriba. Después del bosque bajo de arcos, el techo de pronto sale disparado: una cúpula oval que flota sobre cuatro esquinas talladas y, más allá, sobre el altar, una bóveda gótica tan recargada como un encaje. Estás dentro de una catedral renacentista construida en el interior de la mezquita, justo en su centro, y los arcos que acabas de recorrer siguen alrededor de todos sus muros.
Todo empezó con un obispo, Alonso Manrique, que quería una capilla mayor como es debido en medio de las columnas. Las obras arrancaron en 1523, y una inscripción en los arcos del crucero da la fecha, el siete de septiembre. El concejo de Córdoba montó en cólera. Amenazó a los obreros con la muerte y la confiscación de sus bienes si seguían antes de que el rey se pronunciara, y el obispo respondió excomulgando a los concejales. El cabildo catedralicio llevó el asunto ante Carlos Quinto, y él dejó que la obra siguiera adelante. Cuentan que, cuando el emperador vio después el resultado, dijo: habéis hecho lo que vosotros u otros podríais haber hecho en cualquier parte, y para ello habéis deshecho lo que era único en el mundo. Es tradición, no está probado, y se ha repetido desde entonces.
Tres arquitectos tardaron ochenta y cuatro años. Hernán Ruiz Primero empezó las bóvedas góticas y murió en 1547. Su hijo, Hernán Ruiz Segundo, levantó los muros del transepto, los apuntaló con ocho contrafuertes y abovedó la capilla sobre el altar, terminada, según otra inscripción, el treinta de diciembre de 1568. Después apenas pasó nada hasta que el obispo Francisco Reinoso llamó a Juan de Ochoa, que cerró el crucero con esta cúpula oval en un estilo más nuevo, manierista. Parece que buena parte de la piedra se trajo en carretas desde Madinat al-Zahra, la ciudad palatina en ruinas de los califas, a las afueras de Córdoba, así que parte de la iglesia puede estar hecha con el palacio de los propios califas.
Ahora mira el altar. Lo pagó el obispo Diego de Mardones, lo diseñó en 1618 el jesuita Alonso Matías y está hecho de mármol rosado de las canteras de Cabra. Las primeras pinturas que tuvo no gustaron: en 1713 el cabildo las despachó como obra de una mano humilde, y Antonio Palomino pintó las que ves.
Date la vuelta antes de irte. Detrás de ti está el coro, donde Pedro Duque Cornejo pasó casi diez años tallando la sillería de caoba, y murió dos semanas antes de que se estrenara.
TheBoxagon, CC0, vía Wikimedia Commons. Foto: TheBoxagon
Parada 5 de 5 · El extremo sur de la sala de oración, delante de la maqsura y frente al mihrab del muro de la qibla
El mihrab de al-Hakam II
Artesanos del califa al-Hakam II, con un mosaiquista enviado por el emperador bizantino Nicéforo II · Mihrab y cúpulas terminados en 965; mosaicos terminados en 970–971 · Mármol, piedra labrada y mosaico de oro y vidrio; la ampliación de al-Hakam II alargó la sala 45 m
Fíjate en
- Las letras doradas sobre azul oscuro que recorren el marco rectangular. Son escritura cúfica: versículos del Corán y, después, una acción de gracias a Dios por haber elegido a al-Hakam para construir esto.
- Las dovelas del arco de herradura, cada una llena de teselas de oro y de vidrio de colores dispuestas en motivos vegetales.
- Dentro del vano, las dos parejas de columnillas. Vienen del mihrab anterior, el de Abderramán II, un siglo más antiguo, y se reutilizaron aquí.
- El arco dentro de su marco rectangular: el mismo diseño de la Puerta de San Esteban que viste desde la calle, en versión grandiosa.
Transcripción (3:25)
Este es el muro de la qibla, al que en otro tiempo miraban todos los fieles de la sala, y la portada dorada que tiene en el centro es el mihrab. Échate atrás lo suficiente para abarcar toda la fachada: un arco de herradura que reluce de oro, enmarcado por una franja de letras doradas sobre azul profundo, con paneles de mármol labrado a los lados y, a través del vano, una pequeña sala clara.
Esa sala es la sorpresa. Un mihrab suele ser un nicho, un hueco poco profundo que indica la dirección de la oración. Este es una pequeña estancia en sí misma, octogonal, según el Cabildo, cubierta con una cúpula en forma de concha. Es el primer mihrab conocido que es una habitación de verdad. Mira el arco y piensa en la Puerta de San Esteban, ahí fuera, en la calle: la misma herradura dentro del mismo marco rectangular, un siglo después y hecha de oro.
Lo construyó el califa al-Hakam Segundo, que a partir de 961 alargó la sala de oración otros 45 metros hacia el sur, doce tramos más de los mismos arcos dobles. Alrededor de su nuevo mihrab acotó una maqsura, el espacio reservado al califa, con cierres de arcos entrecruzados y polilobulados. El mihrab y las cúpulas que tiene delante se terminaron a finales de 965, y una inscripción da el nombre de cuatro de los artesanos, hombres que también trabajaron en el salón de recepciones de la ciudad palatina del califa, Madinat al-Zahra.
El oro vino de Constantinopla. El cronista Ibn Idari cuenta que al-Hakam escribió al emperador bizantino, Nicéforo Segundo, pidiéndole alguien que supiera colocar mosaico. El emperador mandó a un maestro y, con él, como regalo, unos 1.600 kilos de pequeñas teselas de vidrio y oro. El maestro formó a los hombres del propio califa, y entre todos terminaron a finales de 970 o principios de 971. Los especialistas lo leen como un gesto de los omeyas de Córdoba hacia sus antepasados de Damasco, cuya gran mezquita, según el mismo cronista, se había decorado con ayuda bizantina.
Lee las letras del marco, aunque no sepas árabe. La franja más grande empieza con versículos del Corán y se convierte en una acción de gracias a Dios por haber elegido a al-Hakam para este venerable edificio. Dentro del vano, las dos parejas de columnas esbeltas son más antiguas que todo lo que las rodea: se sacaron del mihrab anterior, el de Abderramán Segundo, y se colocaron aquí.
Un dato curioso sobre la orientación. Desde Córdoba, La Meca queda al este-sureste, pero este muro mira al sur. La mezquita siguió la trama de calles de la Córdoba romana, una tradición occidental admitía una qibla orientada al sur, y ninguna de las ampliaciones posteriores cambió la línea.
Después de 1236 esto se convirtió en la capilla de San Pedro, y durante siglos un retablo estuvo delante del mihrab y lo ocultó. En 1815 el obispo Pedro Antonio de Trevilla mandó desmontar la capilla. Lo que apareció detrás estaba dañado, y Patricio Furriel restauró los mosaicos en 1817 y 1818; las franjas de oro más bajas de esta fachada son suyas. Casi todo el oro de encima lleva atrapando la luz desde el siglo diez.
Guía independiente · Chiaro
Apunta con Chiaro a lo que veas en la Mezquita-Catedral de Córdoba.
Diecinueve naves, unas 850 columnas y capillas a lo largo de todos los muros: cinco paradas dejan casi todo sin contar. Fotografía una columna para saber si su fuste es de jaspe, ónice, granito o pórfido, una marca de cantero rayada en un capitel de las naves de Almanzor o una de las escenas talladas en la sillería de caoba de Duque Cornejo, y Chiaro te responde en tu idioma, estés donde estés dentro de la sala.
Antes de ir
Cómo llegar
Calle Cardenal Herrero 1, 14003 Córdoba. Las entradas y la información están en el Centro de Recepción de Visitantes Patio de San Eulogio, en la calle Torrijos esquina con la calle Amador de los Ríos; sus espacios expositivos van incluidos en la entrada de la Mezquita-Catedral, y el Cabildo recomienda empezar la visita allí. Las personas con movilidad reducida entran por la Puerta de Deanes, y hay sillas de ruedas a su disposición.
La parada de autobús más cercana según el Cabildo es Puerta del Puente, de las líneas urbanas 3 y 12. La parada de taxis llamada Conjunto Monumental Mezquita-Catedral está en la calle Torrijos 6.
Entradas y acceso
- La entrada general de adulto cuesta 15 €. Los mayores de 65 años, los estudiantes de 15 a 26 años y los titulares del Carné Joven pagan 12 €; los niños de 10 a 14 años, las personas con una discapacidad de hasta el 64% y los adultos de familia numerosa, 8 €. Los nacidos o residentes en la diócesis de Córdoba y los menores de 10 años entran gratis. La misma entrada incluye la Ruta de las Iglesias Fernandinas y el centro del Patio de San Eulogio.
- Todas las mañanas salvo el domingo, de 8:30 a 9:30, la entrada es gratuita, excepto los días de celebración extraordinaria; en esa hora no se admiten grupos, y a las 9:20 se cierran las puertas y se desaloja el edificio. El resto del día, los horarios los marca la herramienta de fechas del Cabildo y pueden variar por actos especiales; la taquilla deja de vender y las puertas dejan de admitir visitantes 30 minutos antes del cierre.
- La Torre Campanario no entra en la entrada general. Es una subida aparte de 4 €, en turnos de 30 minutos de un máximo de 22 personas, que se vende en el centro de San Eulogio y en las máquinas junto al acceso a la torre; los menores de 7 años no pueden subir.
- Dentro hay que quitarse el sombrero, no se admiten bultos grandes y no se pueden llevar trípodes ni soportes; tampoco se permite filmar ni fotografiar los cultos. La maqsura, delante del mihrab, está en una restauración que el Cabildo paga de su bolsillo y que prevé que dure más de tres años.
La audioguía oficial
El Cabildo ofrece su propia audioguía explicativa en el centro del Patio de San Eulogio, donde el servicio deja de prestarse una hora antes del cierre de la visita, y los grupos de más de diez personas con guía deben usar sus radioguías. Lo que estás leyendo es un recorrido aparte, autoguiado e independiente: cinco lugares contados con calma en lugar del edificio entero, gratis, y con cada grabación impresa completa, para que quien no lleve auriculares pueda seguirla en silencio.
Sitio oficial →Preguntas
¿Hay una audioguía gratuita de la Mezquita-Catedral de Córdoba?
Seguir las cinco paradas de esta página no cuesta nada: van de la Puerta de San Esteban, en la calle Torrijos, al mihrab de al-Hakam II, suenan en tu propio móvil y cada guion está escrito entero para que puedas leer en vez de escuchar. Aparte, el propio Cabildo ofrece su audioguía en el centro del Patio de San Eulogio. Para una capilla, un capitel o una inscripción que no esté entre estos cinco, hazle una foto con Chiaro y escucha su historia.
¿Puedo escuchar la audioguía de la Mezquita-Catedral sin entrada?
Solo la de la Puerta de San Esteban, que da a la calle Torrijos, la vía pública junto al muro oeste: esa grabación funciona desde la acera, frente a la puerta más antigua de la mezquita. Las paradas dos a cinco están dentro del monumento y piden entrada a la Mezquita-Catedral, aunque esa entrada es gratuita de lunes a sábado entre las 8:30 y las 9:30 (las puertas cierran a las 9:20), salvo los días de celebración extraordinaria.
¿Cuánto cuesta la audioguía oficial de la Mezquita-Catedral?
El Cabildo presta su audioguía en el Centro de Recepción de Visitantes Patio de San Eulogio, donde el servicio termina una hora antes del cierre de la visita, y sus páginas de venta indican qué incluye y cuánto cuesta cada entrada. Los grupos de más de diez personas con guía deben usar las radioguías del Cabildo.
¿La entrada de la Mezquita-Catedral incluye el campanario?
No. La Torre Campanario tiene su propia entrada de 4 €, en turnos de 30 minutos de hasta 22 personas, que se vende en el centro de San Eulogio y en las máquinas del acceso a la torre. Los menores de 7 años no pueden subir, y los de 7 a 14 deben ir con un adulto.
¿Dónde compro la entrada y empiezo la visita a la Mezquita-Catedral?
En el Centro de Recepción de Visitantes Patio de San Eulogio, en la calle Torrijos esquina con Amador de los Ríos, o en la venta en línea del Cabildo. El Cabildo aconseja empezar por ese centro, cuyos espacios expositivos entran en la entrada, y la primera parada de esta guía, la Puerta de San Esteban, está en esa misma calle.
Más audioguías
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