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Museo del Prado · Madrid · Guía independiente

Audioguía del Prado,
cinco paradas, gratis.

Cinco obras, cinco grabaciones, sin app y sin cola en el mostrador de las audioguías. De las otras 1.860 obras expuestas también se encarga Chiaro, a partir de una foto.

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Creado por Chiaro. Sin vinculación con este museo.

9:41

Saturno devorando a un hijo

Prado, Madrid

0:00 2:38
Parada 1 de 5

Las cinco paradas · 15 minutos de audio

Cinco obras, un recorrido,
en el orden en que las verás.

Cinco obras en el edificio Villanueva, en el orden en que las salas tienen sentido. Empieza en la sala 67, donde cuelgan las Pinturas negras de Goya, y se queda allí para Saturno; sigue a la sala 64, que es la siguiente en el recorrido del propio museo y donde están el Dos de Mayo y el Tres de Mayo frente a La muerte de Viriato de Madrazo; cruza a las salas de pintura flamenca para El triunfo de la Muerte de Brueghel en la 55A y El jardín de las delicias del Bosco en la 56A; y termina en la sala 12, en la planta principal, la sala alta del cuerpo central de Villanueva, que está dispuesta alrededor de Las meninas. Eso son unos once minutos de escucha. Lo que se anda es un cálculo nuestro y no una cifra publicada por nadie: cuenta con tres cuartos de hora en un edificio de casi 42.000 metros cuadrados, y más cuando está lleno.

Una advertencia sobre los números de sala, porque el Prado renumera y recoloca más a menudo que la mayoría de los museos. La web del propio museo bloquea los lectores automáticos que utilizamos, así que nada de esta página sale de ella. Cada sala se comprobó el 7 de septiembre de 2026 contra fuentes externas fechadas: las salas 67 y 64 contra las informaciones de la prensa española sobre la reordenación de las galerías del siglo XIX en 2021; la sala 56A contra la cobertura de la reinstalación de la sala del Bosco en diciembre de 2020 y dos noticias posteriores; la sala 12 contra la prensa española de noviembre de 2023 y la descripción del edificio en la Wikipedia en español; y la sala 55A contra la noticia de que el Brueghel volvía a exponerse el 28 de mayo de 2018, que es la fuente más antigua del conjunto y la que hay que tomar con más cautela. Las plantas se indican solo donde una fuente las daba. Si la cartela que tienes delante nos contradice, la cartela tiene razón, y nos gustaría saberlo.

Parada 1 de 5 · Sala 67, edificio Villanueva, ala sur

Saturno devorando a un hijo

Francisco de Goya · 1820–1823 · Mural en técnica mixta trasladado a lienzo, 143.5 × 81.4 cm

Fíjate en

  • Los ojos. El blanco se ve todo alrededor del iris, y es la única expresión de la sala que se entiende de un vistazo.
  • Los nudillos. Aparte de la carne blanca y la sangre roja, lo más luminoso del cuadro son las manos hincadas en la espalda del cuerpo.
  • Lo que ya no está: la cabeza y parte del brazo izquierdo de la figura pequeña, con el siguiente bocado a punto de arrancarse del brazo.
  • El tamaño. Mide 143.5 centímetros de alto por 81.4 de ancho, más o menos las proporciones de la hoja de una puerta.
Transcripción (2:38)

Es más pequeño de lo que hacen creer las reproducciones. Ciento cuarenta y tres centímetros de alto, ochenta y uno de ancho, y casi toda esa superficie no es nada, un campo pardo negruzco del que emerge una figura.

Lo que estás mirando era una pared. Goya lo pintó directamente sobre el yeso de su propio comedor. En febrero de 1819, a los setenta y dos años, compró una casa a las afueras de Madrid, a orillas del Manzanares, llamada la Quinta del Sordo por un propietario anterior, aunque Goya estaba también casi sordo desde una enfermedad que sufrió a los cuarenta y seis. En los años siguientes cubrió las paredes de dos habitaciones con catorce pinturas que no estaban destinadas a nadie. Debajo había escenas de campo, claras y agradables, con figuras pequeñas. Las tapó.

No le puso título a ninguna. Todos los nombres que has oído para estas catorce los decidieron otros, y la primera lista la hizo en 1828, el año en que murió, su amigo Antonio Brugada. Esta estaba en la pared corta del fondo del comedor de la planta baja, a la izquierda de una ventana, con Judit y Holofernes al otro lado de esa misma ventana.

Mira los ojos. El blanco se ve todo alrededor. Después mira las manos, porque los nudillos blancos clavados en la espalda del cuerpo son, junto con la carne y la sangre, la única pintura luminosa del cuadro.

Ahora la discusión. Fred Licht ha señalado que aquí no está ninguno de los atributos habituales de Saturno, ni la guadaña ni el reloj de arena, y que lo que está siendo devorado no tiene cuerpo de niño, ni en realidad de nada anatómicamente correcto. John Ciofalo va más lejos: por las piernas y las nalgas, dice, es una mujer adulta, y no se resiste porque ya está muerta y ya está sin cabeza. Fuera lo que fuera lo que Goya estaba haciendo, había dibujado el mismo asunto a sanguina veintitantos años antes, en 1796 o 1797, sin una sola gota de sangre.

Las pinturas murales siguieron en aquellas paredes unos cincuenta años y se echaron a perder. En 1874 la casa era de un banquero francés, el barón Frédéric Émile d'Erlanger, que las hizo arrancar del yeso y fijar sobre lienzo bajo la dirección de Salvador Martínez Cubells, restaurador jefe de este museo. D'Erlanger las llevó a la exposición de París de 1878, no las vendió, y las regaló al Estado español en 1881.

Algo desapareció en aquella operación. Se ha sostenido que la figura tenía en origen el pene erecto, y que el detalle se eliminó durante el traslado a petición de d'Erlanger.

Parada 2 de 5 · Sala 64, edificio Villanueva, ala sur

El 3 de mayo en Madrid

Francisco de Goya · 1814 · Óleo sobre lienzo, 268 × 347 cm

Fíjate en

  • La mano derecha del hombre de la camisa blanca, que lleva marcas como estigmas.
  • El cadáver de abajo a la izquierda. Es el único punto del lienzo en el que Goya te obliga a mirar hacia abajo.
  • Los soldados, vistos casi de espaldas, con la cara oculta, pintados como un solo bloque, con las bayonetas y los gorros formando una columna sin interrupción.
  • La cara que asoma justo a la derecha del hombre de blanco, mirando hacia los fusiles, y el fraile arrodillado rezando en el grupo apiñado.
Transcripción (2:46)

Busca primero el farol. Esa caja cuadrada en el suelo es la única luz del cuadro, y apunta en dirección contraria a ti, hacia los hombres a los que van a fusilar, lo que te coloca más o menos donde está el pelotón.

Goya lo pintó en 1814, y el encargo fue idea suya. En febrero de aquel año, con los franceses por fin fuera, se dirigió al gobierno provisional y se ofreció a perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones de la insurrección contra el Tirano de Europa. Si llegó a ver algo de aquello, no se sabe. Dos siglos de investigación no lo han situado en aquel cerro.

El dos de mayo de 1808 Madrid se levantó contra la ocupación francesa, y el mariscal Murat dio una orden a sus tropas: la sangre francesa ha corrido, pide venganza, todos los detenidos en el levantamiento con las armas en la mano serán fusilados. Lo fueron, antes del amanecer de la mañana siguiente, por tandas, en varios lugares de la ciudad. El lienzo que tienes al lado, exactamente del mismo tamaño, muestra la carga de caballería del día anterior.

Ve al hombre de la camisa blanca. Tiene los brazos alzados en una crucifixión, viste de amarillo y blanco, los colores heráldicos del papado, y en la mano derecha lleva marcas como estigmas. Después vuelve a pensar en el farol. En la pintura barroca una lámpara así representaba la presencia de Dios. Aquí hace una sola cosa: permite a los soldados ver a qué disparan, y te obliga a mirar.

Los soldados no tienen cara. Goya los pintó de espaldas como una sola unidad, con las bayonetas y los gorros formando una columna sin interrupción. Pero el hombre de blanco no es más individuo que ellos. Su súplica va dirigida a un pelotón de fusilamiento y no a Dios, y él es uno más en una cola, con un cadáver delante y más hombres detrás.

No se sabe nada de una primera exhibición, y ningún relato escrito en su momento la menciona. Según algunas versiones estuvo guardado en un almacén treinta o cuarenta años; el catálogo del Prado no lo recogió hasta 1872. Ha salido de Madrid una vez, trasladado por carretera con su compañero a Valencia para ponerlo a salvo durante la Guerra Civil, y dañado en un accidente de tráfico por el camino. Las pérdidas del otro lienzo se quedaron sin reparar hasta que los dos se restauraron en 2008.

En 2006 este museo y el Reina Sofía lo colgaron en una misma sala con La ejecución de Maximiliano de Manet, la Masacre en Corea de Picasso y el Guernica. Antes de seguir, mira el cuerpo de la esquina inferior izquierda. Es lo único del cuadro a lo que Goya te hace mirar hacia abajo.

Parada 3 de 5 · Sala 55A, edificio Villanueva

El triunfo de la Muerte

Pieter Brueghel el Viejo · hacia 1562 · Óleo sobre tabla, 117 × 162 cm

Fíjate en

  • La esquina inferior derecha, donde un hombre toca el laúd y una mujer canta, y ninguno de los dos se ha dado cuenta del esqueleto que los acompaña por detrás.
  • El cardenal al que un esqueleto tocado con su capelo rojo ayuda a llegar a su fin, y a su lado un perro famélico junto a la cara de un niño muerto en brazos de su madre muerta.
  • El bufón que se ha metido debajo de la mesa mientras los comensales desenvainan las espadas contra los esqueletos.
  • El carro de calaveras del primer plano, y el esqueleto que lo conduce tocando una zanfona mientras las ruedas pasan por encima de un hombre.
Transcripción (2:45)

La tabla mide 117 centímetros por 162, y esa es la primera sorpresa. Todo lo que hay dentro es diminuto, y hay una cantidad desmedida.

Empieza por la esquina inferior derecha, porque es el último sitio del cuadro donde alguien se sigue comportando con normalidad. Un hombre toca el laúd y una mujer canta, y ninguno de los dos se ha dado cuenta del esqueleto que los acompaña por detrás. Su cena acaba de venirse abajo: los naipes y el tablero de backgammon por el suelo, los comensales desenvainando las espadas, el bufón de la corte metiéndose debajo de la mesa.

Ahora deja que la mirada suba hacia la izquierda, y verás cómo al cuadro deja de importarle quién es cada cual. Campesinos, soldados, nobles, un rey y un cardenal: a todos se los están llevando. Al cardenal lo escolta un esqueleto tocado con su capelo rojo. El rey todavía alarga la mano hacia sus barriles de oro mientras un esqueleto los saquea y otro le pone delante de la cara un reloj de arena vacío. Bajo las ruedas del carro de la muerte ha caído una mujer con un hilo en una mano y unas tijeras en la otra, a un instante de cortarlo, que es Brueghel pintando a Átropos sin anunciarla. A los vivos los arrean hacia una trampa con forma de ataúd decorada con cruces, y en la esquina superior izquierda unos esqueletos tocan la campana del fin del mundo.

Pieter Brueghel el Viejo lo hizo hacia 1562, al óleo sobre roble, soldando dos tradiciones: la Danza de la Muerte xilográfica del norte y el Triunfo de la Muerte italiano, del tipo que se pintó en el Palazzo Sclafani de Palermo y en el Camposanto de Pisa. Debía mucho también al Bosco, cuyo infierno es la siguiente parada de esta página, en la sala 56A.

Pasó catorce meses en los talleres de este museo antes de viajar a Viena para una exposición de Brueghel en 2018. José de la Fuente estabilizó las tablas de roble; María Antonia López de Asiaín trabajó en la pintura. La limpieza devolvió cosas que restauradores anteriores habían suprimido, entre ellas un platito en la mesa de la cena y parte del cinturón de un vestido verde, y levantó los rojos y los azules junto con los reflejos del agua. También enseñó cómo trabajaba: para que el humo pareciera transparente retiraba pintura de la tabla, parte de ella con la presión de los dedos, y dejó las marcas del tiento, la vara en la que apoyaba la mano con la que pintaba.

Una cosa más que buscar, porque fecha la escena. Entre los objetos cotidianos repartidos por el cuadro hay un reloj mecánico temprano. Brueghel metió la tecnología más nueva de su siglo en una pintura sobre lo poco que va a servir todo eso.

Parada 4 de 5 · Sala 56A, edificio Villanueva

El jardín de las delicias

El Bosco · entre 1490 y 1510 · Óleo sobre tabla de roble, tríptico, 205.5 × 384.9 cm abierto

Fíjate en

  • El Hombre-Árbol de la tabla derecha: su torso es una cáscara de huevo rota con hombres bebiendo dentro, y su cara está vuelta hacia fuera, más allá de ti.
  • La música escrita sobre unas nalgas en la tabla del infierno, con un coro cantando de esa partitura.
  • El fondo de la tabla izquierda: una jirafa, un mono montado en un elefante, un león comiéndose lo que ha matado, todo copiado de libros de viajes.
  • El único hombre vestido de la tabla central, moreno y abotonado hasta el cuello, en una cueva de la parte inferior derecha, señalando a una mujer encerrada dentro de un cilindro transparente.
Transcripción (2:56)

Tres tablas, tres metros ochenta y cinco de ancho, y una multitud que no se aclara. Tómate un minuto de todos modos, porque no lo estás viendo entero. Cierra las alas y hay dos tablas pintadas más por fuera, en grisalla gris verdosa, con el mundo en el tercer día de la Creación, con Dios del tamaño de una uña arriba a la izquierda y un versículo del Salmo 33 escrito encima: él lo dijo, y quedó hecho.

Nadie sabe cómo lo llamaba el Bosco. Los primeros escritores españoles lo llamaron La Lujuria. Cuando Felipe II lo entregó a El Escorial el ocho de julio de 1593, el documento de cesión lo describía como una pintura al óleo con dos puertas, de la variedad del mundo, historiada de disparates por Hieronymus Bosch, y lo llamaba la pintura Del Madroño.

Llegó a España como botín. La primera noticia es de 1517, un año después de la muerte del Bosco, cuando un canónigo italiano llamado Antonio de Beatis lo vio en el palacio de los condes de Nassau, en Bruselas. Pasó a Guillermo de Orange, el Taciturno, y en 1568 el duque de Alba lo confiscó y lo hizo llevar al sur. Estuvo colgado en El Escorial 342 años seguidos y no entró en este edificio hasta 1939.

Ve ahora a la tabla de la derecha y busca al Hombre-Árbol. Su cuerpo es una cáscara de huevo rota apoyada en dos troncos que quizá sean piernas, dentro hay una taberna con hombres sentados bebiendo, y su cara está vuelta hacia fuera, más allá de ti, más allá del borde del cuadro. Hans Belting cree que es el Bosco. Debajo, un coro canta de una partitura escrita sobre unas nalgas, y en la esquina una cerda con toca de monja se apoya en un hombre para que le firme unos documentos.

El museo ha medido lo que estás a punto de hacer aquí. Junto con el instituto de bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche, puso gafas de seguimiento ocular a los visitantes de esta sala. El infierno los retuvo 33.2 segundos por metro cuadrado. El jardín del centro se llevó 26 segundos. El paraíso, a la izquierda, 16. El visitante medio le dedica al tríptico entero cuatro minutos y ocho segundos.

Esta sala se rehízo alrededor de las tablas del Bosco y se reabrió en diciembre de 2020, con soportes nuevos, una vitrina horizontal, iluminación nueva y una pantalla que amplía los detalles doce veces.

Una última mirada, al fondo de la tabla izquierda. Una jirafa, un mono montado en un elefante, un león comiéndose lo que ha matado. Ninguno está pintado del natural. Salen de la literatura de viajes del siglo quince, que era la pantalla de su época, y el Bosco los metió en el Edén.

Parada 5 de 5 · Sala 12, edificio Villanueva, planta principal

Las meninas

Diego Velázquez · 1656 · Óleo sobre lienzo, 318 × 276 cm

Fíjate en

  • El espejo de la pared del fondo, que contiene el único retrato doble de Felipe IV y la reina Mariana que se sabe que pintó Velázquez.
  • La cruz roja de la Orden de Santiago en el pecho del pintor, que se añadió cuando él ya había muerto.
  • La mejilla izquierda de la infanta, repintada casi por completo tras el incendio del Alcázar de 1734.
  • José Nieto en el vano iluminado, con un pie en un escalón más alto que el otro, justo en el punto de fuga exacto de la sala.
Transcripción (3:56)

La sala es la planta alta del cuerpo central que diseñó Juan de Villanueva, y está dispuesta alrededor de un solo lienzo: 318 centímetros de alto, 276 de ancho.

Velázquez lo terminó en 1656, y entonces nadie lo llamaba Las meninas. Los inventarios antiguos lo recogen como La Familia; el catálogo de este museo no imprimió el título que hoy usa todo el mundo hasta 1843. Casi todo lo que sabemos sobre quiénes son estas personas descansa en un solo texto, una descripción publicada en 1724 por el pintor Antonio Palomino, sesenta y ocho años después de los hechos.

Así que, del centro hacia fuera. La niña es la infanta Margarita Teresa, de cinco años, en ese momento la única hija viva de Felipe IV y la reina Mariana. Arrodillada para ofrecerle de beber en un búcaro rojo sobre una bandeja de oro está María Agustina Sarmiento de Sotomayor. La otra menina, sorprendida al empezar una reverencia, es Isabel de Velasco. A la derecha hay dos enanos de la corte, la austriaca Mari Bárbola y el italiano Nicolás Pertusato, que le da con el pie al mastín. Hasta el perro tiene pedigrí: se cree que desciende de dos mastines que Jacobo I de Inglaterra envió desde Lyme Hall, en Cheshire, a Felipe III en 1604.

Y ahora las dos figuras difíciles. Al fondo, en el vano iluminado, está José Nieto Velázquez, aposentador de la reina y jefe de la tapicería real, y posiblemente pariente del pintor. Tiene una rodilla doblada y los pies en escalones distintos, y nadie ha zanjado si está entrando o si se está yendo. Además está exactamente en el punto de fuga de toda la perspectiva. Todas las líneas de la sala van a parar a un hombre que quizá se esté marchando. Y en el espejo de la pared del fondo están Felipe IV y la reina Mariana, el único retrato doble de los dos que se sabe que hizo Velázquez.

Dos cosas que puedes comprobar con tus propios ojos. La cruz roja de la Orden de Santiago en el pecho del pintor no estaba ahí cuando él soltó el pincel. No lo admitieron en la orden hasta 1659, tres años después de terminar el cuadro y uno antes de morir. Palomino cuenta que el rey mandó pintarla después, y que algunos decían que la había pintado el propio rey. Segunda cosa: la mejilla izquierda de la infanta. En 1734 el Alcázar de Madrid se quemó con este lienzo dentro; el pintor de cámara Juan García de Miranda reparó los daños, y esa mejilla hubo que repintarla casi entera. Al lienzo también le cortaron los dos lados, así que la sala a la que te estás asomando es más estrecha que la que pintó Velázquez.

Ha desconcertado a la gente desde el principio. Cuando se inventarió la colección real después del incendio, en 1747, se anotó a la infanta como su hermanastra mayor María Teresa, y el error se volvió a copiar en 1772. La última limpieza, en 1984, la hizo el restaurador británico John Brealey, y la prensa española se le echó encima a diario con el argumento de que solo alguien nacido y criado en España debía tocarlo; un día se montó un pequeño tumulto a la puerta de la sala donde trabajaba. El veredicto de Federico Zeri fue que la gente no protestaba porque el cuadro hubiera sufrido daños, que no los había sufrido, sino porque tenía otro aspecto.

Un último dato. Ha salido de este edificio una sola vez, para una exposición en Ginebra en 1939, cuando la guerra civil vació el Prado. Desde entonces su tamaño, su importancia y su valor lo han mantenido aquí, así que esta pared es prácticamente el único sitio del mundo donde se puede hacer esto.

Guía independiente · Chiaro

Cinco vistas, quedan unas 1.860.

Esta página cubre las cinco obras a las que viene casi todo el mundo. La app cubre el resto del edificio. Fotografía un Tiziano, un Durero, un mármol romano, una tablita flamenca con una cartela de dos líneas, y Chiaro te dice qué es, quién quiso que se hiciera y cómo acabó en una colección real española, y luego sigue contestando mientras tú sigas preguntando.

¿A quién se está comiendo Saturno?¿Por qué está mal la cruz de Velázquez?¿Qué hay dentro del Hombre-Árbol?

Antes de ir

01

Cómo llegar

Paseo del Prado, 28014 Madrid, en el tramo que la ciudad llama el Paseo del Arte, compartido con el Thyssen-Bornemisza, CaixaForum y el Reina Sofía. Entra por la puerta de los Jerónimos, en la esquina noreste del edificio; es donde se presentan las entradas compradas por adelantado.

Metro Banco de España, línea 2, o Estación del Arte, línea 1. En Atocha, también en la línea 1, es donde llegan los trenes de Cercanías de Madrid-Atocha. Paran cerca los autobuses 9, 10, 14, 19, 27, 34, 37 y 45.

02

Entradas

  • No hay día de cierre semanal. El Prado cierra exactamente tres días al año: 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre.
  • Las dos últimas horas son gratis para la colección permanente: de 6 a 8 de la tarde de lunes a sábado, y de 5 a 7 los domingos y festivos. Esto lo sabe también todo el mundo.
  • La última entrada es media hora antes del cierre, que es a las 20:00 de lunes a sábado y a las 19:00 los domingos y festivos.
  • Haz las dos salas de Goya en el orden de esta página. El recorrido del propio museo sale de las Pinturas negras de la sala 67 directamente a la sala 64, así que las paradas uno y dos no exigen orientarse en absoluto.
Entradas oficiales →
03

La audioguía oficial

El Prado tiene su propia audioguía. No hemos podido confirmar qué forma tiene ahora ni cuánto cuesta, porque la web del museo rechaza los lectores automáticos que utilizamos, así que pregunta en el mostrador al llegar. Lo que sí muestran las cifras de escucha del propio museo, publicadas en la prensa española, es lo que la gente reproduce de verdad: Las meninas en primer lugar y El jardín de las delicias en segundo. Las dos están en esta página, gratis, con la transcripción completa impresa debajo del audio.

Sitio oficial →

Preguntas

¿Hay una audioguía gratuita del Prado?

Esta página lo es. Cinco obras, cinco grabaciones que se reproducen directamente en el navegador, cada una con la sala en la que cuelga la obra y la transcripción completa debajo, y sin instalar nada. Más allá de las cinco, la app de Chiaro narra cualquier otra cosa del edificio a partir de una foto que hagas delante.

¿Cuánto cuesta la audioguía oficial del Prado?

El Prado tiene su propia audioguía. No hemos podido verificar su precio ni su formato actuales en una fuente abierta, porque museodelprado.es no responde a los lectores automáticos que utilizamos, así que compruébalo en el mostrador del museo o en su web antes de ir. Las cinco grabaciones de esta página no cuestan nada.

¿Dónde están Las meninas en el Prado?

En la sala 12 del edificio Villanueva, en la planta principal, en el piso alto del cuerpo central. La sala está dispuesta alrededor del cuadro. Cuando lo comprobamos, el 7 de septiembre de 2026, informaciones de la prensa española de noviembre de 2023 describían la sala 12 como su ubicación habitual.

¿Qué día de la semana cierra el Prado?

Ninguno. Abre los siete días de la semana, de 10:00 a 20:00 de lunes a sábado y de 10:00 a 19:00 los domingos y festivos, con la última entrada media hora antes del cierre. Los tres días que sí cierra son el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre.

¿Cuánto cuesta el Prado?

Unos quince euros la entrada general, con tarifa reducida para los mayores de 65 años y entrada gratis en las dos últimas horas del día. La web del propio museo no la podemos leer, así que las cifras de aquí salen de webs de turismo de Madrid; comprueba en museodelprado.es los precios de hoy antes de reservar.

¿Dónde están las Pinturas negras de Goya en el Prado?

En la sala 67, en el ala sur del edificio Villanueva, en un extremo de las quince salas que el museo dedica al siglo XIX. Saturno devorando a un hijo, la primera parada de esta página, es una de las catorce. La sala 64, con el Dos de Mayo y el Tres de Mayo, es la siguiente sala del recorrido del propio museo.

Más audioguías

Creado por Chiaro. Sin vinculación con este museo.