Palacio Real de Madrid · Madrid · Guía independiente
Audioguía del Palacio Real de Madrid,
cinco paradas, gratis.
Más de 135.000 metros cuadrados y 3.418 estancias, levantados para sustituir a un alcázar que ardió la Nochebuena de 1734. Aquí suenan cinco paradas, de la fachada al trono; para todo lo demás, basta una foto con la app Chiaro.
Creado por Chiaro. Sin vinculación con el Palacio Real de Madrid.
La fachada principal, desde la Plaza de la Armería
Palacio Real de Madrid, Madrid
Hasta aquí la parte gratuita
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Las cinco paradas · 14 minutos de audio
Cinco paradas, un recorrido,
en el orden en que las verás.
Empieza esta audioguía gratuita y autoguiada del Palacio Real de Madrid junto a la verja de la Plaza de la Armería, mirando la fachada principal desde el lado de la catedral de la Almudena, antes de enseñarle la entrada a nadie; la puerta de visitantes está en esa misma explanada. Dentro, las paradas siguen el orden del propio recorrido autoguiado de Patrimonio Nacional por la planta principal: la Escalera principal desde el zaguán de entrada, el cuarto de Carlos III hasta el Salón de Gasparini, la vuelta al patio principal hasta la Real Capilla en el lado norte y, por último, el Salón del Trono en la fachada sur, donde termina la visita a los salones oficiales. En total, unos diez minutos de audio; Patrimonio Nacional calcula unos cuarenta y cinco minutos para la visita sin guía.
Las fechas, los nombres y los artífices de esta página salen de las descripciones que Patrimonio Nacional publica sobre el palacio, de sus folletos en PDF para visitantes y de su web de venta de entradas, consultados el 26 de septiembre de 2026 y contrastados con los artículos de Wikipedia en inglés y en español; cada dato práctico se guarda junto con la frase exacta del organismo, para que cualquier cambio por su parte no pase inadvertido. El Palacio Real sigue siendo la residencia oficial del Rey, y un acto de Estado puede cerrar salas, o el edificio entero, casi sin aviso. Lo que ese día te indiquen los vigilantes de sala y los carteles de la entrada vale más que esta página.
Joseolgon, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Joseolgon
Parada 1 de 5 · Plaza de la Armería, en el lado público de la verja que separa la catedral de la Almudena del patio de honor del palacio, mirando al norte hacia la fachada principal (sur); aquí está la puerta oficial de visitantes, en la explanada de la Almudena, en la esquina con la calle de Bailén
La fachada principal, desde la Plaza de la Armería
Giambattista Sacchetti (1690-1764) sobre el proyecto de Filippo Juvarra, rematado por Francesco Sabatini (1722-1797) con Ventura Rodríguez (1717-1785), para Felipe V, Fernando VI y Carlos III · Primera piedra el 6 de abril de 1738; obra prácticamente acabada entre 1751 y 1754; Carlos III se instaló el 1 de diciembre de 1764 · Granito gris y piedra caliza blanca; un palacio de más de 135.000 metros cuadrados y 3.418 estancias, con seis plantas donde el terreno es más alto y ocho donde cae la ladera
Fíjate en
- El reloj en el centro de la cornisa. Lo diseñó Sabatini, y lleva incorporada una campana del Alcázar quemado.
- Las dos estatuas a ambos lados del reloj, Fernando VI y Bárbara de Braganza, supervivientes de un plan para llenar de reyes toda la cubierta.
- Los dos colores de la piedra: granito gris abajo, caliza blanca arriba, el contraste sobre el que descansa el diseño.
- Las campanas en el armazón de hierro sobre el reloj, fechadas en 1637 y 1761; la más antigua es anterior al incendio.
Transcripción (2:53)
Levanta la vista hacia el centro de la cornisa, donde la fachada sube en un cuerpo con un reloj. Ese reloj es de Francesco Sabatini, y dentro lleva una campana del edificio que ocupaba antes este lugar: el Alcázar de Madrid. Quédate con esa campana, porque todo lo que tienes delante es la respuesta a un incendio.
Madrid nació alrededor de este cerro. Entre 860 y 880, el emir omeya de Córdoba, Muhammad Primero, levantó una fortaleza en esta cresta sobre el Manzanares, y el poblado que creció a su alrededor se llamó Mayrit. En 1561 Felipe Segundo convirtió el Alcázar en residencia oficial de los reyes de España y trajo la corte a Madrid. Y en la Nochebuena de 1734 prendió el fuego. Ardió durante tres días. Cuadros y muebles se tiraban por las ventanas, muchos se rompieron en la caída, y se perdieron más de quinientas pinturas de la colección real. El veintisiete de diciembre solo quedaban en pie unos cuantos muros y una torre.
Oirás que lo provocaron adrede los cortesanos franceses de Felipe Quinto, para tener un palacio como Versalles. Patrimonio Nacional, que gestiona este lugar, lo dice sin rodeos: es una leyenda.
Felipe mandó llamar al arquitecto más famoso de Europa, Filippo Juvarra, que dibujó un palacio cuatro veces mayor que este, con veintitrés patios y una fachada de 480 metros. Juvarra murió en enero de 1736, el proyecto se consideró demasiado caro, y a su discípulo Giambattista Sacchetti le tocó encajarlo en el solar estrecho y en cuesta del viejo Alcázar. Así que creció hacia arriba en lugar de a lo ancho: seis plantas donde el suelo está alto, ocho donde se desploma detrás del palacio. Y nada de madera. Cada planta se cubre con bóvedas, y la madera se reservó para puertas y ventanas, de modo que este edificio no pudiera arder nunca como el anterior. La primera piedra se colocó bajo el centro de esta fachada el seis de abril de 1738, y su inscripción dice que Felipe Quinto reconstruyó el alcázar para la eternidad.
Ahora, las dos estatuas junto al reloj: Fernando Sexto y su reina, Bárbara de Braganza. La idea era poner reyes a lo largo de toda la cornisa, desde los visigodos, con Moctezuma y Atahualpa entre ellos. Carlos Tercero, el primer rey que vivió de verdad aquí, desde 1764, lo encontró excesivo y mandó bajar las estatuas de las cornisas. Antes de entrar, fíjate en la piedra misma: granito gris abajo y caliza blanca arriba, dos colores que hacen el trabajo que debían hacer todas aquellas estatuas.
Joseolgon, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons, recortada. Foto: Joseolgon
Parada 2 de 5 · Zaguán principal y Escalera principal hasta la planta principal, el comienzo del recorrido autoguiado
La Escalera principal
Francesco Sabatini (1722-1797) para Carlos III, dentro de la caja de escalera de Giambattista Sacchetti; frescos de la bóveda de Corrado Giaquinto (1703-1766), estucos de Giovanni Battista Andreoli, leones del rellano de Felipe de Castro y Roberto Michel · Construida por Sabatini en 1760 en el lado izquierdo; trasladada al derecho, con los mismos peldaños, por orden de Carlos IV en 1789; frescos de la bóveda terminados en vida de Fernando VI · Mármol y granito; 72 peldaños, cada uno tallado en una sola pieza de mármol de 4,5 metros de ancho
Fíjate en
- Los peldaños: anchos, muy bajos, cada uno una sola pieza de mármol de cuatro metros y medio.
- Los dos leones de mármol del primer rellano, uno de Felipe de Castro y otro de Roberto Michel. Las notas de Patrimonio Nacional consideran más vivo el de Michel.
- La bóveda de Giaquinto, La Religión protegida por España, con los cuatro elementos en los medallones de las esquinas.
- Los jarrones de mármol blanco de Carrara labrados con escenas de caza y trofeos.
Transcripción (2:36)
Ponte al pie y mira el primer peldaño. Es una sola pieza de mármol de cuatro metros y medio de ancho, igual que todos los demás: setenta y dos, tan anchos y tan bajos que apenas notas la subida. Las propias notas de Patrimonio Nacional añaden que las damas ni siquiera los subían a pie: las llevaban en silla de manos hasta la planta principal.
A tu espalda queda el zaguán principal. Los carruajes entraban por las tres puertas centrales de la fachada, y reyes y embajadores se apeaban justo aquí, frente a una estatua de Carlos Tercero vestido de general romano.
Por esta escalera se discutió durante casi dos décadas. El proyecto de Sacchetti, aprobado en 1742 a partir de una idea del marqués Scotti, preveía dos escaleras gemelas, la de la derecha para el rey y la de la izquierda para la reina. Luego Scotti y su protegido Bonavia se quejaron de que los peldaños eran demasiado altos, y la pelea cortesana que siguió dio proyecto tras proyecto. La versión más ambiciosa de Sacchetti, con rampas que desembocaban en nueve salidas en la planta principal, solo llegó a hacerse en madera, para que el rey viera el efecto. A Carlos Tercero no le gustó ninguna. Le encargó a Francesco Sabatini una única escalera, como la que Vanvitelli había hecho para el palacio de Caserta, cerca de Nápoles, y que convirtiera la otra caja de escalera en salón de baile. Ese salón es el Salón de Columnas, y ha tenido más ajetreo que casi cualquier sala de Europa: allí firmó España en 1985 su tratado de adhesión a las Comunidades Europeas, allí se celebró la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, y allí firmó Juan Carlos Primero su abdicación en 2014.
Y ahora lo raro. Sabatini construyó esta escalera en 1760 al otro lado, a la izquierda. Cuando Carlos Cuarto subió al trono en 1789, hizo que el mismo arquitecto la desmontara y la volviera a levantar a la derecha, donde está hoy, con los mismos peldaños. Estás subiendo por una escalera que ya se ha mudado una vez.
En el primer rellano descansan dos leones de mármol. Uno es de Felipe de Castro y el otro de Roberto Michel, y Patrimonio Nacional escribe que el de Michel es el más dinámico de los dos. Ahora mira hacia arriba. Corrado Giaquinto pintó la bóveda: la Religión protegida por España, rodeada de la Abundancia, la Paz, la Justicia y la Magnificencia, virtudes que debían atribuirse a Fernando Sexto, con los cuatro elementos en los medallones de las esquinas.
Cuando Napoleón llegó a Madrid, se detuvo en este rellano, se volvió hacia su hermano José, el nuevo rey, y le dijo: Hermano, vas a estar mucho mejor alojado que yo.
Joseolgon, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Joseolgon
Parada 3 de 5 · Planta principal, cuarto del rey Carlos III, al que se llega desde el Salón de Columnas pasando por la Saleta y la Antecámara
El Salón de Gasparini, pieza de vestir de Carlos III
Mattia Gasparini (m. 1774) para Carlos III; solería de Domenico Galeotti y Nicola Rappa, estucos de la bóveda de Gennaro di Matteo, con los talleres palatinos de ebanistería, bordado y broncería · Empezado con Carlos III después de 1759; solería y bóveda terminadas en 1788; colgaduras en tiempos de Fernando VII y sillería en tiempos de Alfonso XII · Solería de mármoles de colores taraceados, bóveda de estuco pintado y dorado, colgaduras de raso bordadas con sedas de colores e hilo de plata sobredorada; una decoración que tardó décadas, unos cincuenta años, en completarse
Fíjate en
- La bóveda de estuco: hojas, flores, frutas y pájaros en verde y oro, terminada antes de que Carlos III muriera en 1788.
- La solería de mármoles de colores, la única otra parte que él llegó a ver acabada.
- El reloj de Jaquet-Droz El Pastor, comprado por Fernando VI, cuyo pastor toca la flauta a la hora en punto.
- Las colgaduras: raso bordado con sedas de colores e hilo de plata sobredorada, el bordado antiguo trasladado a una seda nueva.
Transcripción (2:39)
Mira primero hacia arriba y luego hacia abajo, porque el techo y el suelo son las dos únicas partes de esta sala que Carlos Tercero llegó a ver terminadas.
Esta era su Pieza de Vestir, y después del salón del trono, la sala más importante de su cuarto. No era un espacio privado. El rey se vestía aquí delante de la corte, como hacían los reyes entonces, así que la sala tenía que ser un espectáculo en sí misma. Se la encargó a Mattia Gasparini, pintor y decorador que había venido con él desde Nápoles en 1759, y Gasparini hizo esto: el rococó italiano llevado hasta el límite, hojas carnosas, flores, pájaros y figuras orientales, la chinería que enloquecía al siglo en cada rincón.
Para hacerlo se montaron tres talleres. El de ebanistería lo dirigía un alemán, José Canops. El de broncería, Antonio Vendetti. Y al frente del taller de bordado estaba María Luisa Bergonzini, la mujer de Gasparini: uno de los tres talleres que hicieron esta sala lo llevaba una mujer.
Llevó décadas. Cuando Carlos Tercero murió en 1788, solo estaban hechos la solería de mármol, que colocaron Domenico Galeotti y Nicola Rappa, y la bóveda de estuco, obra de Gennaro di Matteo. El conjunto tardó unos cincuenta años. Las colgaduras bordadas se pusieron en tiempos de Fernando Séptimo, y la sillería no llegó hasta Alfonso Doce, a finales del siglo diecinueve. Más recientemente, la seda de las paredes se gastó y hubo que cambiarla, y el bordado original se cosió con muchísimo cuidado sobre la tela nueva.
Busca el reloj llamado El Pastor, del relojero suizo Jaquet-Droz, que compró Fernando Sexto. A la hora en punto, un pastor sentado toca la flauta mientras bailan unas figuritas vestidas a la moda del siglo dieciocho. La lámpara de bronce y los candelabros de las esquinas son de la época de Fernando Séptimo, y la mesa del centro salió de los talleres del Vaticano, regalo del papa Pío Nono a Isabel Segunda.
Una cosa más sobre las salas que acabas de cruzar. A Carlos Tercero le gustaban las paredes cubiertas de cuadros desde el techo hasta el zócalo, que en invierno se cambiaban por tapices contra el frío y la humedad de Castilla. En la antecámara de al lado, donde comía y despachaba con sus ministros, entre los cuadros que se colgaban en verano figuraba Las Meninas de Velázquez. El cuadro siguió en esa pared hasta que se fue al Prado para siempre.
Joseolgon, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Joseolgon
Parada 4 de 5 · Planta principal, lado norte, con entrada desde la galería que rodea el patio principal
La Real Capilla, bajo la cúpula de Giaquinto
Giambattista Sacchetti (1690-1764), con Ventura Rodríguez (1717-1785) y Corrado Giaquinto (1703-1766), para Fernando VI; estucos de Andreoli, ángeles del tambor de Felipe de Castro; arquitectura del altar de Sabatini · Situada en la planta principal en 1742; diseño definitivo de Sacchetti de 1748; construida entre 1750 y 1759 (Wikipedia en español) · Estuco, dorado y fresco sobre una planta centralizada con cúpula, con diez grandes columnas, cada una de una sola pieza de mármol negro veteado de Mañaria
Fíjate en
- Los anillos de nubes de la cúpula, pintados para que la Trinidad coronando a la Virgen parezca flotar más alto de lo que está.
- Las columnas negras, cada una de una sola pieza de mármol veteado de Mañaria, en el País Vasco.
- Las pechinas: San Isidro Labrador, Santa María de la Cabeza, San Leandro y San Dámaso.
- El órgano del lado oeste, con caja diseñada por Ventura Rodríguez y libre de las reformas del siglo XIX.
Transcripción (2:42)
Echa la cabeza hacia atrás. La cúpula parece más alta de lo que es, y es a propósito: Corrado Giaquinto pintó anillos de nubes alrededor de la escena central, la Trinidad coronando a la Virgen María, para que la mirada siga subiendo sin parar.
Todo lo que queda por encima de la cornisa es de Giaquinto. Diseñó los estucos, que ejecutó Andreoli, y pintó los frescos, entre ellos la batalla de Clavijo y una alegoría de la Religión. En las cuatro pechinas bajo la cúpula hay santos muy madrileños: San Isidro Labrador y su mujer, Santa María de la Cabeza, con San Leandro y San Dámaso.
La capilla estuvo a punto de acabar en otra parte. El primer plan la ponía donde hoy está el Salón de Alabarderos. En 1742 se decidió construirla aquí, en la planta principal, y tras varias versiones, cada una más grande que la anterior, Patrimonio Nacional dice que lo que se construyó fue el diseño definitivo de Sacchetti de 1748, con una intervención muy directa de su ayudante Ventura Rodríguez; otras fuentes atribuyen el diseño ganador de 1749 al propio Rodríguez. Lo que no se construyó fue el resto de la idea de Sacchetti: el suelo y todas las paredes de mármol, con capiteles y basas de bronce. Carlos Tercero quería la capilla terminada, así que la decoración se remató en estuco como solución provisional, y esa solución provisional es la que ves. Lo que sí se hizo como es debido es espectacular: diez grandes columnas, cada una de una sola pieza de mármol negro veteado de Mañaria, en el País Vasco.
Imagina ahora cómo se usaba. Los días corrientes, el rey seguía la misa desde el Cancel, el recinto al fondo de la capilla, al que llegaba sin salir de las habitaciones reales. En las grandes fiestas recorría en procesión la galería de fuera, colgada de tapices para la ocasión, hacía una reverencia al altar, otra a la reina, y ocupaba su sitio bajo el dosel. La corte tenía lugares fijos. Al público solo se le dejaba pasar a la entrada.
La música importaba aquí. En esta capilla sonaron obras de Domenico Scarlatti y de José de Nebra, y el órgano del lado oeste es una rareza: su caja la diseñó Ventura Rodríguez, lo construyó Jorge Bosch en 1778, y es único en España por haberse librado de las reformas del siglo diecinueve.
Dos últimos detalles. El cuadro del altar mayor, San Miguel, es de Ramón Bayeu, a partir de un original perdido de Luca Giordano, y al lado de la bóveda de Giaquinto parece casi tímido. Y en la mesa del altar, en una hornacina acristalada, yace una figura de cera del mártir romano San Félix, cuyas reliquias se guardan allí.
Joseolgon, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons. Foto: Joseolgon
Parada 5 de 5 · Planta principal, fachada sur, sobre la Plaza de la Armería; la última sala del recorrido autoguiado
El Salón del Trono
Decoración dirigida por Félix Gazzola para Carlos III; fresco de la bóveda de Giambattista Tiepolo (1696-1770); muebles diseñados por Giovanni Battista Natali y tallados en Nápoles por Gennaro di Fiore; bordados de las paredes de Andrea Cotardi · Concebido por Sacchetti en 1737; decoración terminada en 1772 · Fresco, estuco dorado, terciopelo de Génova bordado en plata sobredorada, madera dorada y cristal de La Granja; doce consolas y doce marcos de espejo, con cuatro leones de bronce dorado fundidos en 1651-1652
Fíjate en
- Las esquinas de la bóveda, donde figuras de estuco se asoman fuera del marco de la pintura de Tiepolo.
- Los cuatro leones de bronce dorado junto al estrado, cada uno con una garra sobre una bola de piedra rojiza; siete de sus hermanos están en el Prado.
- Las consolas y los marcos de espejo, doce de cada, todos distintos dentro de un mismo diseño, hechos en Nápoles.
- El terciopelo rojo de Génova de las paredes y sus cenefas bordadas en plata sobredorada.
Transcripción (2:53)
Si el palacio tiene una razón de ser, es esta sala. Es la única que no ha cambiado de función desde que Sacchetti la dibujó en 1737. Apártate del estrado y, antes que nada, mira hacia arriba.
El techo es de Giambattista Tiepolo, El triunfo de la Monarquía española, una de las últimas obras de su vida. Sigue su borde inferior alrededor de la sala: las figuras sentadas sobre la cornisa son alegorías de los territorios y posesiones de España, cada una con sus atributos, y en las esquinas unas figuras de estuco se salen del todo del marco pintado, de modo que no se sabe bien dónde acaba el yeso y empieza la pintura.
Carlos Tercero le confió la sala a Félix Gazzola, cuyo equipo la terminó en 1772, y es Nápoles trasladada a Madrid. Carlos había sido rey de Nápoles y Sicilia hasta 1759, y los muebles se hicieron allí, con diseño de Giovanni Battista Natali y talla de Gennaro di Fiore: doce consolas y doce marcos de espejo, todos distintos dentro de un mismo diseño. Los espejos salieron de la Real Fábrica de Cristales de La Granja, y lunas planas de este tamaño eran toda una proeza técnica. Las paredes son de terciopelo de Génova bordado por Andrea Cotardi. Patrimonio Nacional lee el conjunto como un código: las cuatro partes del mundo, las cuatro estaciones y las cuatro virtudes cardinales, todo lo que un rey necesitaba para gobernar bien.
Ahora, los leones. Son cuatro, de bronce dorado, cada uno con una garra apoyada en una bola de piedra rojiza. Son más antiguos que el palacio. Velázquez los encargó en Italia durante su segundo viaje, para el Salón de los Espejos del viejo Alcázar, y los fundió Matteo Bonuccelli en 1651 y 1652. Eran doce. Siete están en el Prado, sosteniendo mesas, y uno quedó muy dañado en el incendio de 1734. Carlos Tercero colocó aquí estos cuatro a propósito, junto con los Planetas de bronce de Jacques Jonghelinck que venían del Alcázar, para decir que los nuevos reyes Borbones continuaban a los antiguos.
Los dos tronos del estrado parecen el corazón de la sala, y están entre lo más reciente que hay en ella: son copias del siglo veinte del sillón del trono del propio Carlos Tercero, y las armas del dosel que tienen detrás se bordaron en la década de 1990. El sillón original, con la efigie de Carlos en el respaldo, se guarda en la Sala de la Corona, y todos los tronos posteriores lo tomaron como modelo.
Esta sala tuvo también un cometido más triste. Cuando moría un rey, su cuerpo se exponía aquí antes de partir hacia el panteón de El Escorial. Carlos Cuarto quiso redecorarla, y aún existe un proyecto de 1790 de Sabatini y del decorador francés Dugourc que nunca se llevó a cabo. Así que lo que tienes encima es lo que aprobó Carlos Tercero: Tiepolo en el techo, Nápoles en las paredes y los leones de Velázquez custodiando un trono vacío.
Guía independiente · Chiaro
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Cinco pistas apenas rozan un edificio de 3.418 estancias. Un gabinete de porcelana, un retrato de Goya, un reloj con figuras que bailan, un tapiz del comedor de gala: enfoca la app Chiaro hacia ello y te dirá quién lo hizo y para qué rey, y luego pregúntale qué pasó después en esa sala.
Antes de ir
Cómo llegar
Calle de Bailén, s/n, 28071 Madrid. Todo el mundo, en grupo o por libre, entra por la puerta de la explanada de la catedral de la Almudena, en la esquina con la calle de Bailén, del lado de la Plaza de la Armería. La primera pista de este paseo está pensada para escucharla junto a la verja, a pocos pasos de esa puerta.
Ópera, en las líneas 2 y 5 de metro, es la estación más cercana. Príncipe Pío es la parada de Cercanías. Patrimonio Nacional indica las líneas de autobús 3, 25, 39 y 148 para llegar, y la estación de BiciMAD número 36 es la más próxima si vas en bici compartida.
Entradas y acceso
- Las entradas se venden para un día y una hora de acceso. La entrada general para la visita autoguiada cuesta 18 €; la reducida, de 9 €, es para niños de 5 a 16 años, mayores de 65 y estudiantes hasta 25 años, y los menores de 5 entran gratis. El acceso y la taquilla cierran una hora antes del cierre.
- El horario cambia con la temporada: de abril a septiembre, de lunes a sábado de 10:00 a 19:00; de octubre a marzo, de lunes a sábado de 10:00 a 18:00; los domingos de 10:00 a 16:00 todo el año. En 2026 el palacio cierra todo el día el 25 de diciembre y a partir de las 15:00 el 24 y el 31 de diciembre, y los actos oficiales pueden cerrarlo también otros días.
- Los ciudadanos y residentes de la Unión Europea y los ciudadanos iberoamericanos entran gratis de lunes a jueves, de 17:00 a 19:00 (de 16:00 a 18:00 de octubre a marzo), con documento de identidad, solo en taquilla y solo para la visita sin guía. La Real Cocina, que solo se vende en entrada combinada con el palacio, no se puede ver en esas horas.
- Se pueden hacer fotos sin flash, para uso personal, salvo donde un cartel diga lo contrario; trípodes y palos de selfi no. Por obras en los servicios para visitantes, Patrimonio Nacional pide que no lleves mochilas grandes, maletas ni bolsos voluminosos.
La audioguía oficial
La audioguía oficial de Patrimonio Nacional se paga aparte y tiene dos formatos: un aparato que te entregan una vez pasado el control de acceso, o una versión digital en la app del palacio, que se desbloquea con el código de la confirmación de tu reserva y para la que necesitas tus propios auriculares y el móvil cargado. Su precio figura en la página para visitantes del palacio en patrimonionacional.es. Si reservas la visita guiada con personal del palacio, un suplemento de 8 €, Patrimonio Nacional dice que no te hará falta la audioguía. Las cinco pistas de esta página son otra cosa: gratuitas, se escuchan en el navegador y cada guion aparece impreso bajo su reproductor.
Sitio oficial →Preguntas
¿Hay una audioguía gratuita del Palacio Real de Madrid?
Sí: las cinco pistas de esta página no cuestan nada, no hay que descargar nada, y cada una lleva el guion completo impreso bajo su reproductor. La audioguía propia del palacio, en aparato o dentro de su app, es un extra de pago además de la entrada. Para los miles de objetos a los que no llega ninguna de las dos, hazles una foto con la app Chiaro y te hablará de ellos.
¿Puedo escuchar la audioguía del Palacio Real de Madrid sin entrada?
La primera pista, sí. Está escrita para el lado público de la verja de la Plaza de la Armería, frente a la fachada principal, junto a la puerta de visitantes. Las pistas dos a cinco suenan dentro, a lo largo del recorrido sin guía por los salones oficiales que cubre la entrada general; la Real Cocina es una entrada combinada aparte y no forma parte de este paseo.
¿Cuánto cuesta la audioguía oficial del Palacio Real de Madrid?
Se cobra aparte de la entrada de 18 €, ya sea como aparato de alquiler o como guía dentro de la app desbloqueada con el código de tu reserva, y su precio aparece en la página para visitantes del palacio en patrimonionacional.es. La alternativa es una visita guiada con personal del palacio por un suplemento de 8 €, con la que, según Patrimonio Nacional, la audioguía sobra.
¿Qué días cierra el Palacio Real de Madrid en 2026?
Lo que queda de 2026, los cierres publicados son el 25 de diciembre todo el día y el cierre anticipado a las 15:00 el 24 y el 31 de diciembre; antes, este año cerró también el día de Año Nuevo, el 6 de enero y el 1 de mayo. Como sigue siendo la residencia oficial del Rey, los actos de Estado pueden cerrarlo otros días, así que mira la web de entradas antes de salir. Los domingos cierra a las 16:00 todo el año.
¿Dónde termina la visita autoguiada del Palacio Real de Madrid?
En el Salón del Trono, en la fachada sur sobre la Plaza de la Armería, después de la Real Capilla del lado norte. Es el orden que siguen los propios materiales de Patrimonio Nacional para la visita autoguiada, y esta página lo respeta: fachada, Escalera principal, Salón de Gasparini, Real Capilla, Salón del Trono. Patrimonio Nacional calcula unos cuarenta y cinco minutos para la visita sin guía de los salones oficiales.
¿Se pueden hacer fotos dentro del Palacio Real de Madrid?
Patrimonio Nacional permite hacer fotos sin flash para uso personal, excepto en los lugares donde esté prohibido expresamente. No se admiten trípodes, palos de selfi ni accesorios parecidos, y hay que respetar la intimidad de los demás visitantes y del personal.
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