Grand Central Terminal · Nueva York · Guía independiente
Audioguía de Grand Central Terminal,
cinco paradas, gratis.
Una estación de 1913 que hoy tiene 44 andenes, más que ninguna otra del mundo, contada en cinco relatos que bajan de la acera de la calle 42 a una bóveda de azulejos del nivel inferior; y de lo demás que encuentre tu cámara por el camino se encarga Chiaro.
Creado por Chiaro. Sin vinculación con Grand Central Terminal.
La fachada de la calle 42 y la Gloria del Comercio
Grand Central Terminal, Nueva York
Hasta aquí la parte gratuita
Chiaro te cuenta cualquier detalle que veas en Grand Central Terminal a partir de una foto.
Las cinco paradas · 15 minutos de audio
Cinco paradas, un recorrido,
en el orden en que las verás.
Grand Central Terminal abre al público todos los días y no hay entrada que comprar, así que su audioguía puede ir de la acera hasta el rellano más bajo sin cruzar un solo torniquete: cinco paradas por libre que empiezan en la acera sur de la calle 42, a la altura de Park Avenue, con la fachada y su grupo escultórico. Desde allí entras por la puerta principal, bajo el viaducto, pasas a Vanderbilt Hall, sigues hacia el norte hasta el vestíbulo principal (Main Concourse) para ver el reloj del mostrador de información y el cielo pintado que lo cubre, y terminas bajando por las rampas del Oyster Bar hasta el nivel inferior (Lower Level), donde un susurro atraviesa una bóveda de azulejos, a una sola rampa del camino de vuelta a la calle 42. Los relatos seguidos duran unos diez minutos, y andar añade apenas unos pocos más, porque todo está dentro de un mismo edificio o en la acera de enfrente.
Los horarios, el transporte y la visita oficial que aparecen en esta página salen de la web de la MTA para la terminal, grandcentralterminal.com; la historia, de esas mismas páginas y de Wikipedia, y cada dato se cotejó con una fuente escrita el 1 de octubre de 2026. Una estación en pleno servicio cambia al ritmo de sus horarios, y Vanderbilt Hall se transforma con cada evento que acoge, así que si un aviso en el edificio o el personal del mostrador de información te dicen otra cosa, hazles caso a ellos y avísanos para que corrijamos la página.
xiquinhosilva, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons. Foto: xiquinhosilva
Parada 1 de 5 · Calle 42 Este, en la acera sur, a la altura de Park Avenue, mirando al norte y hacia arriba, a la fachada sur de la terminal; acera pública, sin entrada
La fachada de la calle 42 y la Gloria del Comercio
Whitney Warren (1864–1943), del estudio Warren and Wetmore, sobre el proyecto de Reed and Stem; grupo escultórico modelado por Jules-Félix Coutan (1848–1939) · Terminal inaugurada el 2 de febrero de 1913; grupo escultórico descubierto en 1914 · Basamento de granito de Stony Creek y piedra caliza de Indiana; tres ventanales en arco de 60 por 30 pies cada uno, un reloj de 13 pies (4,0 m) de diámetro y un grupo escultórico de unas 1500 toneladas cortas
Fíjate en
- Mercurio en lo más alto, con su casco alado y el caduceo, y las alas del águila desplegadas detrás de sus piernas.
- El cuatro de la esfera del reloj, escrito IIII y no IV, a la manera de los antiguos relojeros.
- Cornelius Vanderbilt en bronce bajo el reloj, de cara al viaducto: llegó aquí en 1929, sesenta años después de que lo fundieran.
- El ancla, la rueda dentada y el martillo junto a la figura recostada de la izquierda. Son las herramientas de Vulcano, diga lo que diga su nombre oficial.
Transcripción (3:01)
Ponte en la acera sur de la calle 42, donde Park Avenue desemboca en la terminal, y mira hacia arriba, por encima del viaducto, hasta lo alto de la fachada. Por esta vista la ciudad llegó a los tribunales. En 1968 los dueños del ferrocarril propusieron levantar encima de este edificio una torre de oficinas de cincuenta y cinco plantas, obra de Marcel Breuer. La Comisión de Preservación de Monumentos la rechazó, y entre sus motivos citó la espectacular vista de la terminal desde Park Avenue South, la que se tiene mirando al norte, avenida arriba, hacia el edificio. El caso llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos, y el 26 de junio de 1978 el tribunal dio la razón a la ciudad. Jacqueline Kennedy Onassis se volcó en salvarla, y el foyer que vas a cruzar enseguida lleva su nombre.
Empieza por arriba del todo. El joven de pie, con casco alado y caduceo, es Mercurio, y detrás de sus piernas un águila despliega las alas. A tu izquierda, recostado, está la figura que oficialmente se llama Hércules, aunque no lleva ni maza ni piel de león. A su alrededor hay, en cambio, un ancla, una rueda dentada, un yunque y un martillo, una colmena, uvas y espigas de trigo. Casi todo eso son atributos de Vulcano. A tu derecha, Minerva apoya la cabeza en el brazo y lee un rollo de pergamino, entre un globo terráqueo, un compás y unos libros.
El grupo se llama la Gloria del Comercio. Cuando se descubrió, en 1914, se consideraba el grupo escultórico más grande del mundo, y pesa unas 1500 toneladas cortas. Su escultor, Jules-Félix Coutan, hizo en París una maqueta de yeso a un cuarto del tamaño real y nunca llegó a pisar América.
Entre los dioses hay un reloj de trece pies de diámetro, de vidriera enmarcada en bronce y con agujas de hierro fundido. Suele llamarse el reloj Tiffany, pero no está firmado, y Tiffany no pudo confirmar que lo hubiera hecho. Fíjate en los números: el cuatro está escrito con cuatro palotes, I I I I, a la manera de los antiguos relojeros, y el seis esconde una trampilla de mantenimiento.
Bajo el reloj, en el centro de la fachada, Cornelius Vanderbilt se alza en bronce, con ocho pies y medio de altura, de cara al viaducto. Lo hicieron en 1869 para la estación del Hudson River Railroad en Saint John's Park, en el sur de Manhattan, y lo trasladaron aquí en 1929. Cuando se inauguró la estatua, el New York Times escribió que un homenaje honesto habría incluido a las personas que murieron en las playas de vías a cielo abierto del New York Central.
Y luego los tres ventanales en arco, de sesenta pies por treinta cada uno, entre pares de columnas, como en un arco de triunfo romano. Los arquitectos concibieron esta fachada como la puerta de entrada a la ciudad, y de lado a lado, en mayúsculas, lleva grabado el nombre completo: Grand Central Terminal.
Warren LeMay, CC0, vía Wikimedia Commons. Foto: Warren LeMay
Parada 2 de 5 · Nivel principal, Vanderbilt Hall, entre la puerta principal de la calle 42 y el vestíbulo principal (Main Concourse); se puede cruzar libremente
Vanderbilt Hall, la antigua sala de espera principal
Reed and Stem con Warren and Wetmore; ornamentación de hojas de roble y bellotas de Sylvain Salières (1865–1920) · 1913; restaurada a partir de 1991 y rebautizada hacia 1998 · Suelo de mármol rosa de Tennessee, ventanales con rejas de bronce y lámparas Beaux-Arts de 132 bombillas cada una; la sala mide 65 por 205 pies (20 por 62 m)
Fíjate en
- Las lámparas: cuatro pisos y 132 bombillas cada una, todas desnudas, para presumir de la luz eléctrica cuando era una novedad.
- Las pesadas rejas de bronce de los altos ventanales, en los cinco tramos de cada muro largo.
- Bellotas y hojas de roble en la metalistería, el emblema de los Vanderbilt, diseñadas por Sylvain Salières.
- La inscripción sobre las puertas que vienen del foyer, dedicada a todos los que trabajaron con la cabeza, el corazón y las manos.
Transcripción (2:47)
Has entrado por un pasillo corto y en pendiente, el foyer Jacqueline Kennedy Onassis, y has pasado bajo una inscripción colocada sobre las puertas de esta sala. Dice: a todos los que, con la cabeza, el corazón y las manos, trabajaron en la construcción de este monumento al servicio público, se dedica esta inscripción. Acuérdate de ella a la salida.
Ahora, la sala. Sesenta y cinco pies por doscientos cinco, y era la sala de espera principal de la terminal, sobre todo para quienes hacían viajes largos. Tenía bancos de roble de doble cara para 700 personas y se pensó para ser un lugar tranquilo. Todas las taquillas, los mostradores de información y los de equipajes se pusieron al lado, en el vestíbulo principal, para que aquí dentro nada te metiera prisa.
Mira las lámparas. Cada una lleva 132 bombillas repartidas en cuatro pisos, y todas están desnudas. Era a propósito: cuando se inauguró el edificio, la luz eléctrica todavía era una novedad, y el ferrocarril quería que la vieras. Si te acercas, descubrirás hojas de roble y bellotas trabajadas en el metal. La bellota es el emblema de la familia Vanderbilt, y la terminal cita como su lema: de una bellota nacerá un gran roble. El ornamento lo diseñó Sylvain Salières, uno de los varios artistas franceses a los que el arquitecto Whitney Warren ayudó a instalarse en Estados Unidos. Más tarde dirigió la escuela de escultura del Carnegie Institute of Technology, en Pittsburgh.
En los dos muros largos, al norte y al sur, los altos ventanales se reparten en cinco tramos por lado, tras pesadas rejas de bronce. Bajo tus pies, mármol rosa de Tennessee, la misma piedra que el suelo del vestíbulo principal. En el lado oeste hubo en su día un salón de fumar para hombres, y en el lado este, una sala de espera para mujeres.
A medida que los viajes largos en tren fueron a menos, la sala también decayó. Se cerró con tablones en 1989, se restauró a partir de 1991 y hacia 1998 recibió el nombre de los Vanderbilt, la familia que construyó la estación y fue su dueña. Los bancos no fueron muy lejos: los llevaron a la Oficina del Jefe de Estación, cerca de las vías.
Como la terminal está protegida como monumento, en esta sala no se puede fijar nada de forma permanente, así que todo lo que ocupe el suelo tiene que poder irse otra vez. Desde 1999 eso incluyó una pista de squash de cristal, exenta, de veintiún pies por treinta y dos, montada para el Tournament of Champions con público en tres de sus lados, todo bajo los mismos cuatro pisos de bombillas desnudas que alumbraban a los viajeros que esperaban en 1913.
Lesekreis, CC0, vía Wikimedia Commons. Foto: Lesekreis
Parada 3 de 5 · Vestíbulo principal (Main Concourse), nivel principal, junto al mostrador de información del centro de la sala
El reloj del mostrador de información
Reed and Stem con Warren and Wetmore, para el New York Central Railroad; bellota ornamental según el programa decorativo de Sylvain Salières (1865–1920) · 1913 · Caja de latón con cuatro esferas de vidrio opalino y remate en forma de bellota, sobre el mostrador de información, en el centro de un vestíbulo de 275 por 120 pies (84 por 37 m) y 125 pies (38 m) de altura
Fíjate en
- La bellota de latón que remata el reloj, el emblema de los Vanderbilt que aparece por toda la terminal.
- Cuatro esferas de vidrio opalino: rodea el mostrador y leerás la misma hora desde cualquier lado.
- Los muros que te rodean, que parecen piedra francesa de Caen y en realidad son una mezcla de yeso, arena, cal y cemento.
- El mármol rosa de Tennessee bajo tus pies, la misma piedra que el suelo de Vanderbilt Hall.
Transcripción (2:43)
Este es el sitio. Ponte junto al mostrador de información, en medio del vestíbulo principal, y estarás en el punto de encuentro que la propia terminal reivindica. Según ella, sabes que eres neoyorquino cuando le has dicho a un amigo: nos vemos en el reloj.
Así que míralo bien. Cuatro esferas de vidrio opalino, tan lechosas que parecen iluminadas desde dentro, en una caja de latón, y arriba del todo una bellota de latón. Esa bellota vuelve a ser el emblema de los Vanderbilt; la terminal dice que también la encontrarás en las lámparas y en los ascensores. La web de la terminal valora este reloj en veinte millones de dólares o más, y dice que, como todos los relojes del edificio, está sincronizado con el reloj atómico del Observatorio Naval de Estados Unidos, en Washington.
Lo cual hace más divertido el siguiente dato. Todos los trenes de Grand Central salen un minuto más tarde de la hora anunciada. Ese minuto es intencionado: está ahí para que la gente que corre a coger el tren afloje el paso.
Ahora da un paso atrás y abarca la sala entera. El vestíbulo mide 275 pies de largo, 120 de ancho y 125 de alto, unos 35.000 pies cuadrados, y se hizo así de inmenso a propósito, para estar a la altura de la palabra grand. Los muros parecen piedra de Caen, de Francia. No lo son: la auténtica piedra de Caen se consideró demasiado cara, y los constructores mezclaron la suya con yeso, arena, cal y cemento Portland. El suelo es de mármol rosa de Tennessee.
En 1947, el año de más tráfico de su historia, pasaron por Grand Central más de 65 millones de personas. Luego llegó el largo declive. En la década de 1970 dominaban esta sala unos anuncios enormes, entre ellos las fotografías Colorama de Kodak y un reloj Big Ben de Westclox, y todos desaparecieron con la renovación que terminó en 1998.
El vestíbulo también ha tenido música. Desde la Navidad de 1928 hasta 1958, una organista llamada Mary Lee Read tocaba en la terminal los días festivos. Tras el ataque a Pearl Harbor tocó el himno nacional, The Star-Spangled Banner, y todo el vestíbulo principal se quedó inmóvil. Fue un momento maravilloso, y terrible para los horarios: el jefe de estación le pidió que evitara cualquier pieza que pudiera hacer perder el tren a los viajeros, y se la conoció como la única organista de Nueva York que tenía prohibido tocar el himno nacional.
Cuando la terminal cumplió cien años, en 2013, su logotipo del aniversario fue este reloj, con las agujas en las siete y trece. Léelo en formato de veinticuatro horas: las 19.13, es decir, 1913.
Warren LeMay, CC0, vía Wikimedia Commons. Foto: Warren LeMay
Parada 4 de 5 · Vestíbulo principal (Main Concourse), nivel principal; colócate cerca del mostrador de información y mira hacia arriba
El techo del vestíbulo principal
Ideado en 1912 por Whitney Warren (1864–1943) y Paul César Helleu (1859–1927); pintado en 1913 por James Monroe Hewlett (1868–1941) y Charles Basing (1864–1933) · 1913; vuelto a pintar sobre paneles en 1944–45; limpiado y restaurado en 1996–98 · Pintura y oro sobre paneles de 4 por 8 pies, sobre una bóveda de cañón elíptica a 125 pies (38 m) del suelo; más de 2500 estrellas
Fíjate en
- La mancha oscura junto a Cáncer, el cangrejo: un cuadrado de la vieja suciedad que se dejó sin limpiar a propósito.
- El pequeño círculo negro sobre Piscis, el agujero abierto en 1957 para levantar un misil Redstone.
- Orión, la única figura de ahí arriba que no está invertida.
- La tenue cuadrícula de paneles de cuatro por ocho pies que cruza el cielo, fijados sobre el original en 1944.
Transcripción (3:33)
Ahora mira hacia arriba, y sigue mirando, porque el cielo del vestíbulo principal está al revés.
Primero, por qué hay un cielo pintado. Los planos originales preveían ahí arriba una claraboya, pero se acabaron el dinero y el tiempo. Así que en 1912 el arquitecto Whitney Warren recurrió a un pintor francés, Paul César Helleu, que estaba tres meses en Estados Unidos retratando a ocho mujeres para una revista de París, y Helleu esbozó un diseño. Las estrellas salieron de una carta de Harold Jacoby, profesor de astronomía de la Universidad de Columbia, que las tomó de la Uranometria, un atlas estelar publicado en 1603. En 1913 lo pintaron James Monroe Hewlett y Charles Basing, con más de cincuenta ayudantes.
Lo que ves es el cielo de invierno, el zodiaco de Acuario a Cáncer, con Pegaso y Orión entre las demás figuras, sobre un fondo turquesa, cruzado por dos anchas bandas doradas: la eclíptica y el ecuador. La terminal cuenta doce constelaciones de pan de oro y 2500 estrellas, 59 de ellas iluminadas.
Y aquí viene el problema. Comparado con el atlas, y con el cielo nocturno de verdad, todo está invertido de izquierda a derecha, todas las figuras menos Orión. Un viajero que iba a diario al trabajo lo notó antes de que pasara un mes desde la inauguración. La explicación de Jacoby fue que Basing había puesto el boceto en el suelo, a sus pies, mientras lo copiaba, en lugar de sostenerlo en alto hacia el techo. Las postales impresas antes de la inauguración muestran el cielo del derecho. Nunca se ha corregido.
Por muy poco no sobrevivió. En la década de 1920 el tejado tenía goteras, entraron el agua y el moho, y los colores se apagaron hasta quedar, según una crónica, como una camisa caqui con una sobredosis de azul marino. En agosto de 1944 el ferrocarril lo tapó. Fijó sobre el original paneles de cemento y amianto de cuatro por ocho pies y pintó encima una copia del mural, con menos detalle astronómico y sin luces. Esa copia es lo que estás mirando, y si te fijas bien todavía puedes ver la cuadrícula de los paneles cruzando el cielo.
En la década de 1980 se había vuelto casi negro. Se decía a menudo que era humo de tabaco. Al analizarlo resultó ser, sobre todo, el propio aire de la ciudad: gases de camiones y coches, y hollín de incineradoras y fábricas. La limpieza empezó en septiembre de 1996, y la restauración de toda la terminal arrancó justo aquí, con este techo. Las luces volvieron a las estrellas.
Se conservaron dos cicatrices a propósito. Busca el cangrejo, Cáncer, y a su lado una mancha oscura: es la vieja suciedad, que se dejó sin limpiar para mostrar cómo estaba antes. Y justo encima de Piscis, los dos peces unidos por un cordón, hay un pequeño círculo oscuro. En 1957, después de que la Unión Soviética lanzara el Sputnik, se instaló de pie en este vestíbulo un misil Redstone para levantar la moral del público, y la única forma de erguirlo fue abrir un agujero en el techo y bajar un cable por él. El agujero se dejó como recuerdo. Sigue ahí, un punto negro entre las estrellas doradas.
Tony Hisgett from Birmingham, UK, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons, recortada. Foto: Tony Hisgett from Birmingham, UK
Parada 5 de 5 · Nivel inferior (Lower Level), al pie de las rampas del Oyster Bar, en el rellano abovedado ante la entrada del Oyster Bar
La Galería de los Susurros
Guastavino Fireproof Construction Company, dirigida por Rafael Guastavino hijo (1872–1950), para Reed and Stem y Warren and Wetmore · 1913; el puente de encima, restaurado en 1998 · Bóvedas tabicadas Guastavino de ladrillos de terracota de unas 6 por 12 pulgadas y menos de una pulgada de grosor, en hiladas en espiga; las rampas del Oyster Bar que la rodean recorren 302 pies (92 m) bajo un techo de 84 pies (26 m)
Fíjate en
- El dibujo en espiga de los ladrillos de terracota sobre tu cabeza, cada uno de menos de una pulgada de grosor.
- Las cuatro esquinas donde los arcos bajan hasta los pilares: susurra en una y escucha en la que queda en diagonal.
- El puente sobre los arcos, por donde la gente pasa entre Vanderbilt Hall y el vestíbulo principal.
- La reja tallada con hojas de roble y bellotas sobre la puerta, el emblema de los Vanderbilt por última vez.
Transcripción (2:50)
Ve al lado sur del vestíbulo y baja por una de las rampas del Oyster Bar. Rampas, no escaleras: en 1913 eso era una novedad, una forma de que los viajeros y su equipaje pasaran de un nivel a otro de la terminal. Abajo, en el rellano ante las puertas del Oyster Bar, estás en la Galería de los Susurros.
Mira hacia arriba. Los arcos bajos que tienes sobre la cabeza sostienen el puente que cruzaste entre Vanderbilt Hall y el vestíbulo principal, y su cara inferior está cubierta de ladrillos colocados en espiga. Es la bóveda Guastavino. Las piezas son de terracota, de menos de una pulgada de grosor y de unas seis por doce pulgadas, normalmente colocadas en tres hojas en espiga con finas capas de cemento Portland entre ellas. Bóvedas así podían levantarse sin la cimbra habitual debajo, y la empresa que las construía se llamaba Guastavino Fireproof Construction Company, es decir, construcción a prueba de fuego, lo que deja claro qué vendía.
Rafael Guastavino llegó a Nueva York desde Valencia en 1881 con su hijo de nueve años, Rafael hijo. Su empresa se constituyó en 1889, la dirigió el padre y después el hijo, y ejecutó su último encargo en 1962. Sus bóvedas están por toda la ciudad: el Manhattan Municipal Building, la Rotonda de la calle 79, al menos un centenar más, y la mayor de todas, la cúpula sobre el crucero de la catedral de San Juan el Divino, de cien pies de diámetro y pensada solo como provisional.
Ahora, el truco. Las instrucciones de la terminal son sencillas: busca a un amigo y que cada uno acerque la cabeza a una esquina opuesta. Ve a una esquina donde un arco baja hasta su pilar, ponte de cara a la piedra y manda a tu amigo a la esquina que queda en diagonal. Habla bajito. Tu amigo te oirá con claridad al otro lado, a pesar de todo el ruido de una estación en pleno funcionamiento.
No siempre estuvo tan despejado. En 1927 las rampas quedaron en parte cubiertas por la ampliación de las taquillas, y el puente de arriba tenía un muro macizo de ocho pies de alto que tapaba la vista entre los dos niveles. La restauración de 1998 quitó las taquillas y dio al puente una balaustrada baja.
El local que hay tras esas puertas también tiene su lugar en la historia. Allí se celebró la inauguración de la terminal con un día de antelación, el 1 de febrero de 1913, con una cena para los arquitectos Warren and Wetmore y un centenar de invitados.
Cuando termines de susurrar, la salida es volver a subir la rampa, cruzar Vanderbilt Hall y pasar bajo aquella inscripción hasta la calle 42. Antes de subir, mira una vez más la espiga de ahí arriba: cada pieza tiene menos de una pulgada de grosor.
Guía independiente · Chiaro
Apunta con Chiaro a lo que quieras en Grand Central Terminal.
Cinco relatos para una fachada, una sala, un reloj, un techo y una bóveda, y la terminal guarda muchísimo más: bellotas labradas en el metal sobre un ascensor, una constelación que no sabes nombrar, la puerta de una vía, una lámpara, la espiga de azulejos sobre tu cabeza. Enfoca con el móvil lo que te haya llamado la atención. Chiaro lo reconoce, te dice quién lo hizo y en qué año, y sigue contestando tus preguntas hasta que anuncien tu tren.
Antes de ir
Cómo llegar
89 E 42nd Street, New York, NY 10017, donde Park Avenue se encuentra con la calle 42. Entra por la puerta principal de la calle 42, bajo el viaducto de Park Avenue: da al foyer Jacqueline Kennedy Onassis, que lleva directamente a Vanderbilt Hall, con el vestíbulo principal (Main Concourse) justo detrás, hacia el norte.
Paran en la terminal las líneas de metro 4, 5, 6, 7 y la lanzadera S. La sirven los autobuses M1, M2, M3, M4, M42, M101, M102, M103 y Q32. Los trenes de Metro-North de las líneas Hudson, Harlem y New Haven salen y llegan aquí, y el Long Island Rail Road llega a Grand Central Madison, bajo la terminal.
Entradas y acceso
- Sin entrada y sin día de cierre: el edificio abre al público a las 5.15 h y cierra a las 2.00 h de la madrugada, todos los días de la semana. Las tiendas, los restaurantes, Grand Central Market, el Dining Concourse y los horarios de festivos pueden ser distintos, así que consulta la página de visita de la terminal si alguno de ellos entra en tus planes.
- Vanderbilt Hall es también el espacio de eventos de la terminal: acoge cada año el mercado de Navidad, además de exposiciones y actos privados, de modo que algunos días una feria o un estand ocupan parte de la sala. El vestíbulo principal queda detrás, hacia el norte.
- Las fotos y los vídeos con el móvil o una cámara de mano para uso personal no necesitan permiso ni pago; un trípode, un foco o un estabilizador, sí. En la terminal no hay consigna en ningún sitio, así que organízate contando con tu equipaje.
- A la última parada se llega por rampa, no por escaleras, y la terminal tiene además ascensores públicos. Los aseos públicos están en el nivel inferior, el mismo de la Galería de los Susurros.
La audioguía oficial
La terminal no publica ninguna audioguía propia. Su opción oficial es una visita guiada a pie que organiza para la MTA una empresa externa de visitas enlazada desde la web de la terminal: 90 minutos, en inglés, desde 35 $, en grupos de hasta 20 personas, con salida en el mostrador de información de visitas (Tour Information Booth), y llega a sitios que esta página no cubre, como el Campbell Apartment. Los cinco relatos de aquí no cuestan nada ni requieren reserva, y puedes pausar cualquiera de ellos cuando anuncien tu tren.
Sitio oficial →Preguntas
¿Hay una audioguía gratuita de Grand Central Terminal?
Sí: los cinco relatos de esta página, de la acera de la calle 42 a los arcos de azulejos del nivel inferior, cada uno con su texto completo bajo el reproductor y sin app ni reserva. La terminal no tiene audioguía propia; su opción oficial es un paseo guiado de pago. Para todo lo que los cinco relatos no cubren basta una foto: Chiaro identifica lo que aparece en ella y te lo explica.
¿Puedo escuchar la audioguía de Grand Central Terminal sin entrada?
Entera. La terminal es una estación en servicio abierta al público a diario, y las cinco paradas, de la fachada a la Galería de los Susurros, están en zonas del edificio donde puede entrar cualquiera. Lo único de pago que se ofrece es la visita guiada oficial.
¿Cuánto cuesta la audioguía oficial de Grand Central Terminal?
No existe. La opción oficial de la terminal es una visita guiada a pie de 90 minutos en inglés, desde 35 $, para un máximo de 20 personas y con salida en el Tour Information Booth. Se reserva en la página de visitas guiadas de la web de la terminal.
¿Dónde empieza y dónde termina el recorrido por Grand Central?
Empieza fuera, en la acera sur de la calle 42 a la altura de Park Avenue, mirando hacia la fachada, y termina en el nivel inferior, al pie de las rampas del Oyster Bar. Desde ahí se sale volviendo a subir la rampa, cruzando Vanderbilt Hall y saliendo a la calle 42, a unos pasos de donde empezaste.
¿Grand Central Terminal abre todos los días?
Sí. Sus puertas abren al público a las 5.15 h todos los días y cierran a las 2.00 h de la madrugada. Cada tienda, los restaurantes, el mercado y el Dining Concourse tienen su propio horario, y en festivos puede variar.
¿Se pueden hacer fotos dentro de Grand Central?
Sí, con el móvil o con una cámara de mano para uso propio, sin permiso ni pago. Un trípode, un foco o un estabilizador requieren un permiso de la MTA, aunque las fotos sean solo para ti.
Más audioguías
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